martes, 21 de julio de 2026

Esta Odisea lo es

 

El cine nos ofrece otra vez una versión de los relatos clásicos (Ilíada, Odisea), según los cuales Troya no se rindió y hubo que vencerla y saquearla mediante un ardid, un engaño célebre atribuido a Odiseo (quizá más popular entre nosotros con el nombre de Ulises): un caballo preñado de guerreros ocultos que, en la noche… etc. Y a más a más, viene luego el regreso a su isla, la aventura de fantásticas peripecias múltiples del astuto líder, rey de Ítaca.

El “film” de ahora, de larga duración y grandísimo estruendo sonoro en las escenas más tremendas y fragorosas, incluye planos de mucho acierto junto a ocurrencias que a Homero le roen los zancajos: un Agamenón robótico, rígido y elusivo maniquí, que se toca con un yelmo de diseño “creativo” e inverosímil, entre vértebras y alien; yelmos, también, de difícil y escayólica digestión, para las huestes troyanas, los cuales serían objeciones menores dentro del capítulo del vestuario.

Mas hay una “perla” mayor: la apuesta audacísima, singular y desafiantemente “atrevida” de encarnar a Helena en una actriz de raza negra. Suena a guiño cómplice, a halago facilón y puede que endeudado con el sector woke, que predica lo relativo de todo, a caballo (de Troya) de unas manías disolventes que incluyen las paranoias de la “inclusión”, la ideología “de género” y otras crípticas lindezas. Suena a meras ganillas desfasadas y apolilladas de épater les bourgeois, si recordamos -también en el cine- a esa mujer, a ese personaje que inolvidablemente representaron, por ejemplo, Diane Kruger y todavía antes y con más alta definición Rossana Podestá, etc.

En esa línea de caprichosa escenificación, recomiendo, a la hora de “quiebro” en una visión de futuro cine de personajes, que sean:

Para Lorca, que ya tenía lo suyo, a Dwayne Johnson.

Para Lenin y Marx, a los Javis.

Para Isabel II de Inglaterra, a Shakira o mejor, a Mario Vaquerizo, y así.

Esta Odisea viene precedida de tanta fama y tanta gloria que igual se nos desinfla un poco; y también porque está gastado ya y es un “pelín” chistoso el rupturismo porque sí.                 

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