domingo, 19 de julio de 2026

Acontecimiento deportivo gordísimo

 

Imposible, y tampoco necesario, abstraerse; además los medios de difusión/confusión no han descansado desde hace días y profusamente han repicado todas sus campanas para que en ningún rinconcito del planeta ocurra un descuido y no se enteren.

Las multitudes enfervorizadas ya sienten el frenesí previo que ni siquiera mitiga el desembolso brutal de dinerín que los espectadores con entrada física han tenido que asumir. Espectadores distribuidos en gamas diversas cuya descripción no varía mucho, se llamen forofos, hooligans, o colectivamente y en plural las “hinchadas”. (Puede ser que esta última palabra ya esté un poco en desuso; pero abónese a mi relativo desconocimiento de todo el fenómeno.) Gran afición mundial por este deporte que nos quita el sueño a Pablo Motos y a este servidor, “sí que es verdad” su gigantesco tirón y los fanatismos que coyunturalmente despierta. Hasta los renegados, que lo dicen ser o lo son, subrepticiamente, como si dijésemos de tapadillo, estarán pendientes de la selección española de fútbol (estamos escribiendo de eso) que contiende con la homóloga argentina para llevarse al agua tan codiciado y gigantesco gato. Ignoro si hay en aquella que sí es república, protestones afines: quizá no.

Gran final. El palco más llamativo en el macro estadio va a ser el que previsiblemente ocupen personas tan diferentes como Felipe, Donald y Sánchez, cuya morbosa diversidad dará las mejores alas al cotilleo.

No estoy en que gane el mejor, sino el que pueda. Y que, en ambos casos, ojalá sean los nuestros. Los que nos representan a quienes con toda claridad somos, sin ambages, españoles.      

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