Otra referencia derribada. Ni
menor ni mayor, pero una señal más de que si Ud. acumula décadas en este
recorrido, le va quedando un paisaje con algo de páramo, con algo de capiteles
rotos y cambiante polvareda que los vientos mansamente mueven.
Peppino di Capri, con sus temas
melódicos y otros de diversa alegría, se hizo un sitio en la música de años que
asoman ahora (la melancolía es como las canas, ambas terminan pillándonos) y
nos encogen más o menos el ánimo que pueda quedarnos.
Las cosas eran, no sólo en la
apariencia que hoy les concedemos, sino de verdad más sencillas y llevaderas y,
acaso por eso, no nos dan para el rechazo, todo lo contrario. Sin fervores de
idealistas, aquellos “yesterdays” fueron lo que fueron y no anticipaban la parte
de los cambios que han ido llegando y trayendo un plus de cochambre que cala
menos en la gente que no conoció aquel ecuador del siglo XX. Fue cosa de suerte,
de carambola, no hay que presumir, pero fijo que mis coetáneos coinciden en lo
que comento aquí.
De la escuela italiana del
sentimiento y la canción romántica (con las pinzas que debamos cogerla),
Peppino falta ahora. Buen viaje, cantor.
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