martes, 14 de julio de 2026

Ninguna preocupación debe conmoverte

 

Para empezar, se diría que el carácter de pasmarote máximo e impertérrito con el que declaraste ante el tribunal ya te blinda la condición y te hace impermeable para cualquier zozobra o desazonadora inquietud. (Inolvidable escena entre balbuceos: no sólo no ibas a “trabajar” sino que ni siquiera sabías dónde estaba el despacho, el cuartito que te habían fijado para ello).

Luego, aunque tu “enchufe” XXL ya era escandaloso/clamoroso y no ha habido modo de camuflártelo, no te ha caído -en la sentencia- ni cárcel ni la devolución, que parecería natural, de los salarios habidos en esa especie de fraude o patraña laboral. Solamente se te condena a unos años de inhabilitación que de inmediato serán recurridos por tu abogado y ya se verá.

Más. Con el impedimento, con la prohibición de acceder a empleo público, nadie duda de que el nivel de tu formación profesional -por más que las malas lenguas siembren sospechas al respecto- te proporcionará al menos la dirección, si no de una orquesta como dices ser lo tuyo, de una variedad de charanga de tío Honorio o agrupación bulliciosa para amenizar eventos rústicos y/o extintas corridas de toreo bufo.

Te asiste el coro de los ministros y demás compinches de tu hermano que, a cuello abierto, vociferan tu inocencia; y si llegare el día, un indulto a mano no habrá quien te lo niegue.

Permanece pues, David, en tu seráfica inmovilidad y sosiego pétreo, y que las galernas descalificadoras que sobre ti desatan tus adversarios no lleguen siquiera a salpicar tu inefable cara. Dura.                  

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