De
las personas a las que con mis renglones conmuevo, entretengo o incordio,
algunas con deferencia me felicitan por este cumpleaños cíclico que otra vez se
renueva.
Vaya
pues mi gratitud que siempre incluye algunos átomos, o kilogramos, de asombro
ante esas cortesías, tan en contraste con los contemporáneos desentendimientos.
Pasa
el tiempo para todos; a todos, mejor o peor, nos va enseñando cosas de las
muchas que siempre quedarán por aprender. Y en ese recorrido no siempre
descartamos la emoción momentánea, el recuerdo de las personas cuyos peso y
significación nunca nos abandonan.
Que
así sea, en adelante, en lo que reste.
Hoy
hace, aquí al lado de la mar, un sol que desmiente las fechas del calendario;
un agua de calma civilizada; una pausa que aguarda la hora de merendar, en
pequeño y selectísimo comité, la tentación irrevocable del café, el chocolate y
las trufas. ¡Salud!