viernes, 27 de septiembre de 2013

II

Como el gallinero de los quejicas seguía en su burdo emperre, nuestro Rey se prestó a disculparse.

Y lo hizo sin ley que le obligara, quizá por cortesía y por no cebar a los protestones en su desproporcionada y tóxica algarada, de fácil contagio demagógico. Lo hizo precisamente para no dar munición a sus detractores, precisamente para, otra vez, ayudar, complacer, tranquilizar a los ingratos españoles, en estos tiempos de numerosos problemas, que han causado ellos mismos con su falta de inteligencia y sensatez, al elegir y sostener gobernantes deleznables cuando no directamente infames y nefastos. Esos gobernantes que, casualmente, jamás se disculpan de las barbaridades, atropellos, malversaciones, etc. que constantemente cometen y a los que nunca la plebe monta pollos tan velozmente enconados y gigantescos, habiendo infinitos motivos.

Don Juan Carlos, como hombre que es, no puede ser perfecto. Pero pasa que los que componen la manada de sus críticos, en general, son mucho más bajitos y de escasa calidad, y la envidia española no descansa.

Esa envidia cuyas torpeza y zafiedad quizá no son capaces de apreciar el remotísimo matiz de travieso crío venerable, un punto pícaro, en la miradilla y los mofletes de este Señor mayor, pero muy veterano de salir con bien, aceptablemente airoso y elegante con mesura, de según qué situaciones, a veces más provocadas que reales.

En más de cuatro cosas, este Rey nos da ejemplo. Y, a muchos, una redonda lección.
A lo mejor, ni se lo propone.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Tres apuntes

Aunque sedente por regla general, la actividad de tomar apuntes permite la posibilidad de recuperar anécdotas y detalles para la memoria, que es esa facultad contra la que arremete, nada piadoso, el paso del tiempo.

Vamos a “echar mano” de tres apuntes de nuestro archivo que sucesivamente ofreceremos aquí, sin salirnos de la debida modestia, y señalando que debe repararse en la estricta no actualidad de lo comentado.

I: ... Y luego, le están montando al Rey un jaleo fenomenal al enterarse de que, unos días atrás, se fue a cazar elefantes, “con la que está cayendo”.

Pues bien, con esa misma que está cayendo, esta recientísima Semana Santa, y como cada fin de semana, puente, etc. la muchedumbre de ciudadanos se fue de juerga a las playas, pistas de esquí, lo que fuera. La DGT anunció 8 (OCHO) millones de desplazamientos por carretera, eso, a dos o tres ocupantes como mínimo de promedio por vehículo, da con comodidad 16 (DIECISÉIS) o 24 (VEINTICUATRO) millones de ilusionados españolitos con TANTA “preocupación” o desentendimiento como le achacan a Su Majestad. Aparte supongo que hay que contar los que viajaron en tren, avión, etc.

Me llama la atención que, por lo visto, nadie ha comentado la descomunal hipocresía y ganas de incordiar que evidencia, con esas inocultables cifras, montar el jaleo mencionado.

Yo creo que el Rey debe ser ejemplar; pero el personal tiene/tenemos mucho que callar.

Y mucho que mejorar en el terreno de la educación y la ponderación.

Mañana, si Dios quiere (aquí se ven los vestigios de la buena crianza, en un sobrino de monja adoratriz), el II.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El precio

Porque ayer escribí aquí que todos tenemos un precio, un colega me llamó por teléfono, arrebatado por el huracán de la indignación, el amor propio (suyo, de él), el rígido y temerario estiramiento de “para nada te consiento” y “yo no me vendo”.

Primero me asombró su llamada, que no me tienen acostumbrado quienes me conocen a que marquen mi número, consecuentes con el parco o nulo interés que les despierto.

Luego de unos minutos, ya me iba escuchando.

La palabra precio incluye más de cuatro  entendidos, significados, matices, posibilidades. Le dije que bien podría ser el precio de una “miss” un coqueto chalet, una cantidad generosa de dinerito al mes, unas joyas, unos abrigos de piel para el crudo frío invernal; que un ambicioso del éxito comercial en la literatura podría aplicarse a sí mismo el precio de escribir chorradas, con tal de que tuviesen la repercusión y el “boom” deseado. Que el precio de algunos deportistas eximios había tenido mucho que ver con las drogas que van en el dopaje; que el papel ansiado en el reparto cinematográfico, se da por sentado que con ominosa frecuencia hay que pagarlo con complacientes sesiones de amores tan fingidos como sucedáneos.

Que mi propio precio podría situarse entre docenas y docenas de tentaciones (muy variadas: ¿un Morgan Aeromax, un Zimmer, acaso un Bugatti Veyron? O bien, ¿un AC Cobra, un Jaguar XJ 220?)

Le sugerí alguna otra variedad de lo que puede ser el precio de cualquiera: la amenaza de muerte de una persona que amamos. Eso lo saben bien los narcotraficantes, los terroristas, los simples secuestradores de a pie.

Las mayorías, las multitudes ingentes, numerosas como arenas del desierto, vienen siendo más o menos compradas también con esa inmensa falacia del estado del bienestar que, aparte de sonar como redundante, es lo que nos han inventado (aunque no se sostendrá ni con las trampas acumulándose) para que nos vayamos conformando con algunas migajas, sin llegar a armarla del todo; así, los listos pueden seguir con sus desaforados latrocinios, con sus permanentes saqueos.

En caso de duda, acoger la sosegada, incluso parsimoniosa, reflexión inteligente, el cauteloso y prudente paso de los pies de plomo, la consulta fértil y laboriosa en el María Moliner, tanto si viene como si no, de patagio.

Me pareció que mi colega se quedaba dándole vueltas.

martes, 24 de septiembre de 2013

El compromiso del escaparate

Quién seré yo, ¿verdad?,  para tener opinión, incluso si se queda en expresión privada. Pero pasa que los criterios son más o menos libres y que, cuando la gente se sitúa y exhibe en un escaparate, es normal e inevitable que los transeúntes miremos y opinemos, claro que sí.

La infanta imputada (sorry) ha adoptado, o lo parece, una actitud de cerrar filas con el marido aventurero. Y mira que la chica siempre pareció formal y juiciosa, con su trabajito serio y catalán, y muy tenaz en la cosa de que el deportista alto le fuera haciendo hijos más bien rubios y guapos. Pero “dos que duermen en el mismo colchón...” O “la puede” el embeleso o hay lío cierto de dinero raro compartido y, lo enfoque como quiera, ella es quien es y ahí tenemos un problema porque antes del casorio ya pertenecía a una familia que no es una más, desde luego que no.

La reina consorte, y griega de suyo, quien durante lustros nos ganó a casi todos con el peinado impecable e inalterable, la afición por la música, cierta mesura en la conducta, sobriedad general y una buena reserva de educada discreción, ahora se ha creído que es una madre corriente, que resulta que no lo es, y ha tirado por una especie de deriva de gallina sometida a la genética y a las hormonas. Pero su papel compromete mucho y no serviría ni la excusa de un chocheo postmenopáusico. ¿Qué ha ocurrido en las entretelas cerebrales de la señora del Rey?

Finalmente, unos ojos bonitos. Y, queremos imaginar, algún otro primor a juego; del carácter, los humores, cualquier suposición acaso sea posible.

Empezó su andadura gloriosa dando muestras de estudiar a fondo para no desmerecer en el cometido correspondiente y adquirido. Luego la afición al quirófano estético ya pudo ir sonando levemente a inoportuna frivolidad. Pero ahora, se dice (y para mero bulo maligno sería muy arriesgado de propagar) que le han entrado unas cosquillas callejero-noctámbulas, trasnochadoras en demasía y por libre (prescindiendo de su príncipe azul o no, soso o no que sea, pero elegido, cortejado, cazado al fin como todos, que queda con desairada y frágil aureola, con tanta inquieta “marcha” por medio); unas cosquillas típicas de casadas semijóvenes y urbanitas insatisfechas; y que se siente una pretensión de elegir por cuenta propia cuánta dosis de entrega resultaría proporcionada, razonable, compatible con tal brisa de independencia.

Y, Princesa, ahí, como yo en cualquier piscina o, mejor, rústica y entrañable alberca pedroseña, ya no hacemos pie. El papelón incorporado, vayan los tiempos mejores o peores, tiene su lado exigente. Y no se puede (con C o con Z que te escribamos el nombre encantador que compartes con la preciosa, y sólo de apellido, Casta, quien por su parte lo latiniza con garbo de cariátide) nadar y guardar la ropa; o más a lo litúrgico, estar en la procesión y repicando, por si acaso llegares a reina de España.

No cabe discutir  la importancia de los pedestales de estas tres señoras, ante los cuales tanta aprobación y aplauso se han venido concitando.

Que desde luego no son inconscientes ni involuntarias cuando recorren el itinerario que las mece en tan brillante galaxia.

Pero el escaparate compromete; y las cosas, los logros, las personas tienen/tenemos un precio, una factura, una obligación que pagar, con la que corresponder a los premios.

Así que...

lunes, 23 de septiembre de 2013

Enhorabuena a los amoldados

Desde que tengo esta memoria frágil de la que no alardeo para no ser un farolero sin base, sin ases; desde que me brotó, y me temo que temprano, esa cosa que llaman uso de razón, vengo encontrándome el mundo embridado, sometido a las convenciones, las normas, las listas de lo permitido y lo prohibido; lo aceptado, bendecido, aplaudido y, por el contrario, lo proscrito, condenado, lapidado. Esto se ve con facilidad, a poco que se mire.

Y pasa que es esta sociedad construida y “evolucionada” por la humanidad la que maneja el mundo de tal modo, a menudo decepcionante y agotador.

Podemos mirar en cualquier dirección y por doquier veremos las vallas, las reglas, las órdenes y, si es preciso, las coacciones.

Se encargan del programa los perros, los mayorales, los “propietarios” del cortijo y de la ganadería. Muy frecuentemente disfrazados de defensores de causas, etnias, ideas, minorías, derechos, buena actuación teatral, pero que el asunto siga lo mismo: ordeñados y ordeñadores.

A tal grado puede llegar la manipulación, que el desgraciado rebaño va aceptando como irreversibles, algunos hasta lo creen conveniente, las metas únicas propuestas, los mínimos y cicateros márgenes de disidencia, el cuento chino interminable del maniqueísmo político y social, toda esa cartulina fallera, lista para salir ardiendo en cuanto convenga.

Con deciros que, a lo tonto, ya hay germen de costumbre casi obligatoria de un texto (y sólo uno) diario en los “blogs”.

No me va a servir. Ni eso, ni las dos horas con parada de descanso preceptivo para los automovilistas, ni los dos litros diarios de agua, valiente forma de echar a perder el estómago, etc., etc.

Enhorabuena a los amoldados. Van a tener las cosas mucho más fáciles.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Sol de oro sobre horizonte rosa

Claro que era difícil, tan guapos y brillantes, machitos deslumbrantes que os cautivaron con inconsciencia relativa y a los que habéis querido sujetar con metódica insistencia.

Claro que era difícil, caballistas, toreros, actores, deportistas, incluso innobles chulos de Centroeuropa o el Caribe, bizarros dioses de apolínea apostura, el pelo corto o, desde luego, nunca muy largo, aunque demasiada testosterona, cuerpos aproximadamente danone, semblantes bien trazados a más no poder, modales de lujo, o de bisutería, una pizca de metrosexualismo, Dios nos libre, muy casual wear o, por el contrario, trajes de buen corte, corbatas de seda natural, camisas con doble puño para los elegantes gemelos (también se dice pasadores o, en Colombia, mancornas), cuello de pie alto y puntas separadas, incluso cierta cuenta corriente aunque eso puede obviarse, bla, bla, bla, ya te digo.

Al final, o por enmedio, se os tuerce el juego, queridas Laritas, Anitas, Eugenias, Genovevas, las que seáis, porque el cometa de relumbrón es astro de paso, y de raudo paso, y no termina de someterse al designio tibio y rutinario, a la dócil mansedumbre de  semental controlado y en exclusiva; no termina de acomodarse a la condición de trofeo cuya cobrada testuz en el salón (cortinas y tapicería a juego) exhibís, diciendo por activa o por pasiva “Sí, al final me lo quedé yo”.

Es lo que acontece cuando queremos cosas diferentes, cuando los antojos divergen y los espejismos se delatan y nos imponen la certidumbre de que cuadratura del círculo, para nada, monas.

Una artista que más o menos llegué a conocer y que, a su manera, es otro virago irreductible, me lo decía  por teléfono en cierta ocasión, deslizándose, con la inconstante trivialidad de las féminas, desde un evaporado y disperso intento de metafísica explicación hasta el relato disney de las anécdotas y minúsculos acontecimientos que concernían al fruto inevitable de su vientre, siempre el vientre de por medio, claro, tratándose de ellas.

Yo sigo tejiendo mi tela como la mujer de Ulises y, como éste, le echo paciencia a la espera en los alrededores del palacio.

sábado, 21 de septiembre de 2013

El desdoro de la crianza

Sostienen algunos desnortados (les debe ir algo en ello) que nuestros políticos están mal pagados,  comparándolos con los de Francia, Alemania, etc. Y seguro que también nuestros fontaneros, agricultores, maestros, empleadas de la peluquería, músicos, tronco, y todo cristo. Así que estupendo empate por ahora y, Dios mediante, puede que algún día crezcamos y más bien todos al compás.

Lo cierto es que están muy bien pagados 1º, teniendo en cuenta su rendimiento y logros, que tiran a canijos; y 2º, porque al sueldo oficial saben añadir el suculento redondeo de otros chollos “colaterales” cuya enumeración y desglose nos demolerían el ánimo.

Y a propósito, dicen, y como no se desmiente será verdad, que el alcalde de Barcelona (cargo que emana de las estructuras administrativas que rigen en España) es el que más pastizara se lleva. Extraña, pues, que hombre que goza de la suerte de que le paguemos así de bien los sufridísimos y muy mermados contribuyentes no evite la arrogancia y el borderío despectivo, modales que desdoran su crianza, que alguna debieron darle, porque eran otros tiempos.

Cervantes escribió (con las hermosísimas palabras de la lengua española cuya siembra ejerció con deslumbrante magisterio) que Barcelona, cito de memoria, era “archivo de la cortesía”. Trías la desacredita, ya lo oyeron poco ha.

Yo, como soy hombre de natural bondadoso y dulce, no afirmo que este alcalde sea un “mala follá”, giro típico de Granada; sólo que, por lo menos, lo anda disimulando. 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Dices tú de pisos

Cualquiera podrá estar pasablemente de acuerdo con la idea de que la apreciación del tiempo puede llegar a ser muy subjetiva.

Días atrás, en Intereconomía, Federico (no Barbarroja, no el Grande, no Lorca), es decir Jiménez Losantos, con su habitual estilo sonriente/guasón, nos cuenta que ponen en venta el muy célebre ya “palacete” (palabra acaso impropia) de Pedralbes sus ilustres propietarios. Y al entrar en algunos detalles, me ha traído a la memoria que hace no tanto (que puede, por lo antedicho, parecer y ser mucho o poco), en aquella etapa de las ocurrencias del “Jefe” y su equipo “triunfal”, se formuló, y acaso se ejecutó, aquello sobre lo que en mi celda de cartujo escribí y titulé “Las vivienditas” y que ahora reproduzco para, sobre todo, los rodriguistas, en sus invictas catacumbas:



“Inspiradas y sugeridas por jóvenes arquitectos visionarios, se nos vienen encima esas jaulitas para grillos que nuestros gobernantes consentirán antes que meter en cintura los usureros precios de esta mierda que llaman “libre mercado”, vistoso logro democrático, condecoración estupendísima para nuestra delicada y considerada civilización occidental que zp (cada vez más admonitorio y gritón en sus discursos, calculadamente triunfalista en sus autoevaluaciones, impotente para evitar el sonido Z en la pronunciación de las “des” a final de palabra, ¿no habrá medio de que alguien lo corrija?), que zp, digo, quiere aliar/revolver con la oriental, Jesucristo y Alá nos cojan confesados o como puedan, vayamos rezando a la Virgen del Rosario de Montesión. Y vayamos adelgazando, queridos conciudadanos.

Fin de la cita.

Y esto viene a cuento de la diversidad de tallas que puede darse entre cuartos, estudios, apartamentos, pisos, “chaletes”, mansiones e incluso cortijos, con 2 o 3 mil pinos.

Pues bien, dice Losantos que  resulta que la tal vivienda de Pedralbes tiene, por ejemplo, como diez cuartos de baño, que suena a señal de buenos hábitos de limpieza, lo que aplaudimos con fervor, pero tan solo tres plazas de garaje.

Y esto nos parece un síntoma de mezquina cicatería, una pusilanimidad de carácter, un matiz lamentable en una conducta que debería expresarse con muy otra elegante anchura.

Porque, vamos a ver: ¿quién no tiene (y más, siendo familia abundante), hoy día, dos coches y qué menos que una “trike”? ¿Es de recibo que personas tan relevantes y hábiles para los negocios pretendan apañarse con una flota tan escasa que cabría en ese parco número de estacionamientos? ¿Y qué ocurre si llega algún invitado? La propia Maritere, considerada y cortés, sabe resolver la mar de bien esa coyuntura. Y tan empinada saga, estirpe, tribu, ¿anda escatimando en asunto tan vital? 

Te lo digo con acento de Baracaldo, tipo Iñaki: ¡Muy maal, Urdanga, muy maal!

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Aparcamiento para garrotes

Con mucho gasto de tiempo y tanto o más de esfuerzo, esa cosa que llamamos especie humana, en su mayoría ha ido llegando a la conclusión de que nos trae más cuenta aparcar los garrotes y decidir los sistemas de convivencia y las conductas a seguir mediante el muy consensuado y consuetudinario uso de la votación, hallazgo democrático y contable, también algo simplón pero quizá necesario, visto lo visto.
Quiere decir que, en una comunidad de vecinos, el inquilino del tercero, por ejemplo, no debe creer que saltarse los estatutos es prerrogativa a la que tiene derecho y por ende “pasa” de cumplir con las necesidades y soluciones compartidas.
Peor, si añade a tan egoísta desvarío una insolente actitud de superioridad que sólo existe en su melona megalomanía particular.
Se diría que, para el caso de que el tal vecino se sienta insuperablemente incómodo, molesto, “rebelao” sin remedio, acaso pueda cambiar de domicilio, mudarse, aunque no va a funcionar la idea de arrancar el piso tercero del total del bloque.
Conque, ¿qué vamos a resolver, cariños trianeros?

martes, 17 de septiembre de 2013

Un gijonés de pro

Como un dandy veterano que incluyera en su heráldica la experiencia de una larga vida y el perfume de cierta moderada ironía, Arturo Fernández, en sus apariciones por televisión, viene diciéndonos unas cuantas verdades (mezcladas con algún apunte provocador) de ésas que no toleran los progres y los izquierdosos y que el “pensamiento único” de moda califica de abominables.
Pero resulta que este hombre sabe lo que está diciendo, sabe que es nadador contra corriente, cosa gallarda y viril, y con sus contundentes opiniones descoloca e irrita a más de cuatro tertulianos e interlocutores (seguramente muy deudores de los anchos pesebres sociatas, quizá anestesiados con el jaboncillo del lavado de cerebro) que intentan contradecirlo con las típicas, aburridoras y desacreditadas consignas de siempre.
La torpeza y la ignorancia, los complejos y la cazurra y aviesa carencia de sentido del humor procuran darle dentelladas.
Y me da que este actorazo, comediante de fuste, está hecho como de esa cota de malla que utilizan los submarinistas que trajinan con tiburones.
Guinda de la tarta, si lo que se dice es cierto, su padre fue anarquista; seguramente uno fetén, de aquéllos probablemente muy superiores a la caterva de saldo que se nutre hoy con seudodemócratas de plástico “de los chinos”.
Para notar que se cabalga, no hay nada como el ruido envidioso que hacen las rabietas y los ladridos. Este gijonés de pro, “español por los cuatro costados”, lo sobrelleva con valiente y ejemplar dignidad.