jueves, 16 de abril de 2026

Pelillos a la mar

 

De las damas no, pero de los caballeros solía decirse antaño que, cuando el cabello raleaba en la parte frontal y aledaños, estaban “saliendo entradas”.

“Saliendo entradas” tiene por casualidad, como expresión popular/familiar un divertido matiz paradojal. Pero aplacemos eso. Lo que ahora verifico desde mi personal vistazo en el espejo es que, en pocos meses, la deserción capilar en la trinchera de referencia manifiesta una cierta velocidad que para otros menesteres sería de desear y que, mira tú, en el asunto que hoy nos entretiene (de la velocidad  escribo, Saramago) no es lo preferible.

Como la resignación es virtud o ineludible hábito que a todos alcanza, no cabe otra cosa que asumir la evolución de lo que otrora fue fronda elegante y cultivada, con espesor y abundancia no exentos de una condición sedosa y manejable que con discreto orgullo pudimos exhibir, y más cuando otros colegas y coetáneos veían su destino marcado con no buscadas y concluyentes derivas sentenciadoras.

Una inocente coquetería me ha llevado a ser en estos años portador de gorras y sombreros de muy numerosa y diversa índole que han venido a ser, cuando menos lo hubiera pensado, unas casi indispensables aliadas. Y al cabo, esa incorporación respalda, con diplomático sentido de la oportunidad, la “tendencia” que aquí hemos querido referir, ojalá con la corrección debida.     

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