Había muchas
ganas de coronar esta Semana Santa afortunada, todas las hermandades pudiendo
lucir sus preciosas imágenes, itinerarios completos, clima propicio como hace
tiempo no lo había sido; entrega absoluta de público, celebración
extraordinaria y, colofón ideal, la Maestranza, brillante ascua de arte,
silencios respetuosos, albero, riesgo alto en esa danza con la muerte, y un “no
hay billetes” clamoroso, para que los aficionados, trajeados con lo mejor de la
ropa de Domingo de Resurrección, asistieran con júbilo a la ceremonia.
Y claro que
expectación importante porque Don Juan Carlos, y porque Morante de la Puebla… Y
porque en Andalucía quedan criterios, finos y/o apasionados, para que no nos
cuelen con facilidad las moditas faltas de un hervor que se empeñan en deshacer
algunas cosas, desdibujando y queriendo confundir con disimulos lo preciso y lo
sobrante, que hay mucho que analizar al respecto, y gustos diversos casi para
todo, y lo que falta es que la hipocresía descanse y se nos deje en paz; y a la
mierda con tanto prohibir y ni funcionar ni dar ejemplos, coño.
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