eufónica,
española, de natural y prudente ambición que, a propuesta de este redactor que
soy, elegimos entonces para nombrar, bautizar nuestro proyecto. Hubo acuerdo
porque eran tiempos de coincidencia. Y éramos, a la sazón, cuatro mozos espigados
-lo daba la edad- que fundaban un grupo musical con más ilusión que
continuidad, como luego se vería.
Para la
curiosidad de los aficionados que pudieran quedarle a aquella efímera formación,
me permitirán intercalar que, al no ser niños pijos pudientes, nuestro único
coche disponible ocasionalmente se lo sonsacaban a su padre los hermanos Martín
y, amontonados dentro de aquel Seat 600, en Rosales, celebrábamos entre chanzas
más de un conciliábulo preliminar.
El caso es
que, otra peculiaridad, nunca tuvimos el usual intérprete de la batería y, en
el único álbum que publicamos, varios músicos suplieron esa carencia.
Ahora, más de
5 décadas después, con uno de ellos, Mr. Bob Thackway, cruzo en la infinita
galaxia de Internet breves apuntes y comentarios. Recuerdo a este britano,
también mozo y espigado, tocando los tambores con un estilo limpio, ancho y
elástico, y entre las “goteras” que
los quebrantos de salud a cada cual conceden, Bob y este redactor que soy vamos
encontrando por casualidad puntos afines. Que sea buena la travesía.
Los talluditos tenemos ese LP (ahora vinilo)
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