que nunca has
cumplido (la hemeroteca profusamente te acorrala), ahí estás, usurpador del
poder con triquiñuelas de la ley electoral, ladrón permanente y por la cara.
Tu ambición y
tu vanidad, ambas desmedidas y notorias, te obligan a ser adulador rastrero de
los votos que te son indispensables para no caer. Tus “socios” provisionales te
los vienen alquilando a precios de usura y con crecientes remoloneo y retintín.
Usura que, a la fuerza, pagamos entre todos. Pero por si te sirve todavía para
hacerles la pelota necesaria, les echas esa migaja cutre de “los dos países” que, de paso, fomenta
su disparate separatista y acrecienta la desunión entre las regiones, el
enfrentamiento y los agravios. Aprendiz vulgar del “divide y vencerás”, de todo embuste, de toda trampa eres capaz
para apuntalar lo tuyo.
Aunque eso no
sorprende a nadie porque todos, incluso tus compinches, saben el tío mierda que
eres.
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