jueves, 9 de abril de 2026

Panorama

 

Que nuestra capacidad de asombro esté ya muy mermada por la avalancha continua de sucesos y conductas de los que estamos siendo espectadores consternados, no impide que el asombro sea objetivo y mayúsculo.

Por la “tele” los vemos, no consiguen ocultarse ni lo intentan. La desfachatez, el cinismo, la actitud de los intervinientes (testigos, imputados, etc.) tienen la confiada naturalidad de quienes se sienten más o menos impunes: por intocables, por ser apenas enanos en tramas gigantescas, o por futuros amnistiados a cuenta de tirar poco o nada de la manta.

Desgranando sartas de embustes infinitos, proferidos con aplomo o con titubeos balbuceantes, los altos cargos, los pringados, los cerdos y las furcias desfilan ante los jueces que acaso, y por muy entrenados que estén en tratar con gentuza delincuente, los escuchan con quizá un resto de estupor ante las dimensiones del escándalo general.

Los mentirosos ante el tribunal, ¿cometen delito por ello?, ¿serán sancionados en consecuencia? La chulería sin límites, la desvergüenza, las incluso risas de los canallas más relevantes, ¿pueden exhibirse sin más, amparadas en no imagino qué extraordinario fuero de ignominias?

Cárcel mucha o cárcel poca

Y multas a mogollón,

¿qué reprobación les toca?           

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