Porque cuando
se oye (tanto) que los inmigrantes nos están levantando el país, haciéndolo
crecer, etc., me pregunto por qué curioso pensamiento vienen aquí, a soportar
semejante tarea sobre sus hombros, en vez de dedicarse a levantar y hacer
crecer sus propios países de origen que seguro les cundiría más.
Y de paso,
nos obligarían a nosotros (dejados ya a solas con nuestra responsabilidad) a
sacudirnos la desidia, la pereza, llamadlo como queráis, a espabilar para
sacarnos las castañas de nuestro fuego correspondiente. A crecer con esfuerzo,
claro, sin delegación comodona y luego comprometedora, sin las “facilidades”
que, más pronto que tarde, terminamos pagando con muy costosas y variopintas hipotecas.
También para
nosotros se puede extender una prioridad nacional
que nos elimine la mierdecita de la molicie y los llantitos de bebé y que nos
empuje a un comportamiento coherente y a un sentido común de adultos.
A lo mejor ni
siquiera hace falta renunciar a “las cañitas”, venga, animaos.
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