miércoles, 5 de noviembre de 2014

Relato de un maestro



A la vuelta de un puñado de años, releo “Noticia de un secuestro”, escrita con una sabiduría proverbial y desarrollada con una sobriedad quizá deliberada y necesaria, aunque por fortuna no exenta de algunos sabrosos y hermosos destellos de la garantizada y genial exuberancia que caracteriza y adorna toda la obra del autor.
El asunto transmite con tensión una atroz realidad; se entretiene convenientemente en lo que plantea; y con naturalidad acelera, hasta que las páginas del tramo final dan ganas de aplaudir a fondo, tanto como las primeras nos capturaron la atención de inmediato.
Escasos reparos en el empleo de alguna palabra o giro, que no pueden señalarse sin atrevimiento casi herético, y que mi respeto y mi admiración por el gigante asumen, consciente de un origen o desvío más geográfico que otra cosa; y que, en todo caso, no empañan este cabal ejemplo de dominio de la Lengua Española a la que siempre profesamos la más alta devoción.

martes, 4 de noviembre de 2014

Los tiempos de los verbos



Es imposible no verlo, no reparar en la impropiedad de usar el infinitivo para una exhortación o recomendación que a gritos pide el imperativo clásico, de noble y elegante resonancia latina.
Así reforzados por la convicción natural y la sana e instintiva clarividencia, la Dama de los Rizos y el itinerante Hipocampo se dirigen a la ya acreditada querencia de las croquetas de gran formato y las puntas de solomillo, coincidiendo también en el criterio y la apreciación del evidente mejor resultado de la fórmula empanada contra la alternativa “a la plancha”, pese a ser esta última de más razonable conveniencia si tenemos en consideración las exigencias de “la dieta que no del todo llevamos”.
Sobre esa relevante cuestión, sobre la luminosa comodidad de la fonética en el español y el italiano (a los idiomas me refiero) y sobre otros diversos temas fluye la charla, algo trastornada por Lolo I, el Inquieto que, aunque no tan joven ya, sobrelleva con alguna impaciencia su menor capacidad de participación en los debates.
Las nuevas chaquetas contra el frío, que acaba de declararse de repente, los excéntricos anacardos del desayuno inverosímil y el Martini Royal de sobremesa son otras tantas referencias, señales esotéricas, cauces de entendimiento y cariñosa comunicación en Granada.
Hoy, viento de poniente y lluvias. Aquí, transmitiendo desde la playa, con oleaje de frecuencia modulada.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Como de Saramago



Lo desveló a deshora la propia condición fantástica del sueño:
La propaganda mentirosa y delincuente de aquellos políticos había cebado sobremanera el descontento y la insatisfacción, la insolidaridad y los egoísmos diferenciadores, y era imparable aquella pantomima de relapsa consulta separatista, con el camuflaje que se quisiera, que al margen de cualquier ley vigente y decente iba a tener lugar en cinco, seis días.
Y al compás, las negligencias de décadas, los viejos pactos interesados, comprados a insufrible precio, la autoridad moral quebrantada por el alien/íncubo de las corrupciones, habían debilitado al Gobierno de la Nación hasta un extremo de cobarde impotencia que era sinónimo de la nulidad.
Y entonces ocurrió aquello, aquella muestra extraordinaria del poder de Internet (incluso cuando la Red enloquecía y duplicaba los enlaces del “blog”): no se conoce el origen de la iniciativa, de la convocatoria, pero más de veinticinco millones de ciudadanos, que también tenían derecho a opinar y ganas de no seguir silenciosos, viajaron a la comarca de los díscolos (y de los que no lo eran y estaban acorralados), y llenaron sus carreteras, sus calles, puentes y plazas, y colapsaron con su propia y pacífica asistencia, con su manifestación grande y cívica y democrática, la viabilidad del despropósito.
El sueño, la cosa le sonó como algún relato de los que Saramago, que en paz descanse, nos dejó para el pensamiento, el sentimiento y el entretenimiento.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Se moderó el levante de estos días



Aquerenciado aquí, que iba y venía. Y ha quedado una brisa fina, que se diría tímida heredera del loco visitante que a algunos trastorna.
El agua hoy, aunque siempre mantiene la seductora perversión de sus cambiantes resplandores, presume de un azul inocente, casi de cielo a las nueve de la mañana. Y hay un par de balandros, a distinta distancia, que flotan con sin par, relajada elegancia.
Regaremos el gramón, los jazmines heroicos y sobrevivientes, el ficus recién podado; lavaremos el coche grande en el jardín. Y descartaremos poner música de fondo porque la vida ya la trae.
Después de un vistazo a los hibiscos, tan engañados por este verano tardío y demorado que se prolonga fuera de fecha (noviembre ya, quién lo dijera), nos daremos una ducha.
Y ya estaremos listos para cumplir, para asistir a la cita que, días atrás, comprometimos con la niña de las tres ruedas. Vamos a tomar el sol de este domingo, entre 50 y 70 Kms./hora.
Que nos vean los detalles, las perlas de Cleopatra, el joven “estandarte” (resuelto con primor por Maritere) del signo de Scorpio, ahora que anda en su apogeo.
Vamos.

sábado, 1 de noviembre de 2014

"Gracietas" de importación



Con el cerebro previsiblemente relleno de basura, unos niñatos vociferaban a mi puerta ayer tarde, con la monserga del truco o trato, esa estúpida gamberrada de imitación y de importación que debe hacerlos sentir muy globalizados, ocurrentes y a la moda, aunque sean meramente unos mierdosos.
Porque, al no acceder a su intento de extorsión “amateur”, el más energúmeno me espetó: ¡Que te follen! Y, tras más aporreos de puerta, se largaron.
Me mantuve atento; y al cuarto de hora los sentí merodear de nuevo. Salí, encendiendo la luz del jardín y se fueron pitando, sospecho que desistiendo por el momento de perpetrar su “represalia” de miserables y precoces hijos de puta. (No hablo de oídas: hace pocos años, en fecha análoga, unos bestias me hicieron estallar el buzón de las cartas con un petardo. Como los que, anoche ya, iban quemando por la calle.)
Vivimos tiempos desgraciados, infectados de gentuza, con lo cual andamos escasos de paciencia y sin obligación ni ganas de asumir la tontería esa de que son “cosas de chavales”. No veo disculpa para estas “gracietas” ni la diversión tiene por qué ser rufianesca.
Y se quejan los jóvenes de que les dejaremos un mundo hecho un asco. Los de ayer, ¿se van mereciendo algo mejor?