sábado, 26 de julio de 2014

Del Hipocampo al Honorable



En el teatro de “esta España nuestra”, como decía Cecilia, llevamos cantidad de años asistiendo a una sola representación cuyos actores son, por lo general, chorizos, parásitos y trepas.
Como la obra no cambia, en lo esencial, ni se cae del cartel, los espectadores estamos cansados y ya casi no conseguimos sorprendernos.
Honorable, tenemos una edad. Como para haber urdido una explicacioncita menos inverosímil, menos rueda de molino, vaya. Una edad como para moderar los desplantes cañíes, tipo “¿Qué coño es eso de la UDEF?”, aquel floreo que te permitiste, no hace tanto, en el programa de la Griso.
Pero si al catalanismo le queda algún escrúpulo, que quizá no, debería filtrar a los que pretenden capitanear esa quimérica seudoindependencia regeneradora mientras se diría que andan enfermos de trilerosis.
Con lo figura que tú has sido… ¡¡qué planchazo, Jordi, tronco!!

viernes, 25 de julio de 2014

La economía del libre mercado



es la orgía esa mediante la cual, por ejemplo, dos o tres compañías eléctricas, comportándose en la práctica como un monopolio salvaje y descarado aunque hipócrita, nos subirán ya (otra vez, y van…) el precio de la luz y pasarán a cuchillo a las organizaciones para la defensa del indefenso consumidor, a los consumidores en sí mismos y al lucero del alba, con el consentimiento impávido del ministro del ramo, de apellido Soria. Los que vengan después, así se llamen Segovia, Ávila, Valladolid o Palencia, previsiblemente tampoco funcionarán (funcionarios) como debieran, con eficacia y diligencia en la atención a los ciudadanos quienes, no se olvide, pagamos entre todos su sueldo y todo lo demás (inversiones, gastos, malgastos, derroches) que se ventila en nuestro Estado del medioestar.
Ese infame truco del libre mercado tiene ribetes sainetescos: en la calle de atrás de mi calle, como otros veranos, abre un local pequeño, con ese estilo un poco arrebatacapas de la “tienda del olvido”, propia de castizos, y no tanto, barrios, a pesar de la sentimental bisutería de tal nombre.
He entrado un par de veces. Hoy salí de allí sin comprar, con la taquicardia de ver a 0´80 “leuros” la lata de la chispa de la vida que anda en 0´56 por doquier (y ya es criminal abuso).
Quizá el libre mercado sea un mamoneo contra el que nada podemos nosotros, los que constituimos el frágil plancton, el infinito aunque menudo pienso de los grandes y olímpicos depredadores, ballenas y así.

jueves, 24 de julio de 2014

Algo habrá que hacer



Desde su trono predilecto, tallado en roca, contempló la dirección del estandarte que ondeaba (grifo bicéfalo y coronado, oro sobre azul) y lo animó comprobar que el viento misericordioso de poniente mitigaría hoy los sádicos rigores de julio.
Así que volvió a considerar por enésima vez la conveniencia de, al menos, andar. Los años acumulándose, la afición por la buena mesa y la bodega, y cierta vida de molicie, de hábitos más reposados que algunos tequilas, habían ido produciendo una panza prominente que, a pesar de repartir su volumen en la estatura de 1.80 metros, lo dejaban fuera de cualquier posibilidad de hacer publicidad de trajes de baño para caballeros.
Y puede que Calamaro, de verbo algo florido aunque no colorado, en algún punto de su cancionero dijese aquello de “sexy y barrigón”; pero esa era afirmación irónica o retórica, con la que la discrepancia no resultaba difícil.
Por otra parte, las diez horas de galope ensimismado sobre la libélula gigante, de regreso de la Villa y Corte, habían vuelto a darle tiempo para el análisis de la certidumbre.
Conque salió, 6´30 in the morning (de nada, anglófilos) e inició el itinerario ya abandonado otras veces.
Durante el trayecto fueron apagando las farolas del alumbrado público y pudo observar con mejor concentración las luces de tres barcos faenando; la giratoria y reconfortante del faro de Sancti Petri; las gaviotas sobre la arena, en busca de algo útil. Eso, de la banda del mar.
De la banda de tierra, las palmeras, las araucarias, la teja vieja de las casas blancas. La brigada de limpieza, con sus atuendos señalados en “amarillo stabilo”, limpiando las muestras sucias que los juerguistas callejeros dejan cada noche, cada madrugada. Dos bobitos mutantes, con la fotos inevitables de sus móviles, ya tan temprano. En fin.
Regresó al acuario personal. Separó puertas, cristales, ventiló según las insistentes recomendaciones de Maritere.
Se sentó a la mesa del porche y, antes incluso del soluble zorro de fuego, escribió estas palabras, medio engarzadas en el paseo, para servirlas a Vuesas Mercedes como un matinal desagravio por la desmesura de ayer; o como una tentadora fuente de croquetas de marisco.
De acuerdo que no confiaba gran cosa en los buenos propósitos. Es más, disimuló la risa solitaria cuando se observó al salir y depositar en el contenedor la botella vacía del malta escocés de ayer.
“Pero”, pensó, “algo habrá que hacer con esta tableta de chocolate que no tengo”.  

miércoles, 23 de julio de 2014

23 de julio de 2014



Me encuentro (odio las máquinas, ¿me comprendéis?) en “la máquina” que, en el blog, el facebook, la mierdecita que sea, sin orden alguna de mi parte, algo cambió de forma idiota “personas alcanzadas” por “people reached”. De momento, ante tan insultante y puerco cambio de idioma, yo me cago (expresión popular frecuente, metafórica y sureña) en sus  muertos.
Y hoy, cito de memoria, aunque la tengo pésima.
Porque en la sobremesa, me vino cabalgando en el recuerdo, absurdo, caprichoso, aleatorio, aquello que algunos supervivientes del bachillerato de verdad (y no los lamentables sucedáneos posteriores) rozaron o debieron rozar, en su día:
“Qué mucho Arnesto si, del padre Astete, ni aun llegó al Catecismo… Mas oye y diráte quién, de Romero y Cañizares, saca la muleta mejor y quién más diestro hiere en la cruz al bruto jarameño”.
Soy consciente de que la mayoría del personal vigente, contemporáneo, ignora (y más en estos cerriles tiempos de melindre mariquita y antitaurino, cerriles en lo que tienen de sectarios, de puritanos y fanáticos, de impotentes para apreciar y comprender el arte, incluso si comporta discutible crueldad) y no sabría interpretar muchas de las palabras, de los conceptos, de los sentimientos precedentes.
Anego en Ballantine´s la pena deprimente que me invade al padecer, temeroso, tan deleznable y antiartística realidad, tan solitario o poco acompañado, errabundo paseo por la vida, por lo poco que de ella nos resta.
A los curiosos: dicen que todo anda colgado en el internete. ¿Os mereceréis la consulta?

martes, 22 de julio de 2014

Una sentencia XXXL



Ayer, por televisión (¿será verdad todo lo que sale ahí?), me llegó la suculenta noticia:
Un tribunal de USA (graves estrados de nobles maderas, togas solemnes, ceño sombrío y exigente de Sus Señorías) sentencia que la Compañía Tabacalera de turno deberá indemnizar con 17.500 millones de euros (joder con la playita) a la desconsolada o quizá inconsolable viuda de un ciudadano que murió “dizque” del cáncer producido por su adicción a los cigarrillos.
Se pregona con ufanía extendidísima que una vida humana no tiene precio. Aunque todos sabemos, cinismo aparte, que a menudo se le pone; es más, con dramática frecuencia, las vidas humanas se están pagando con poco dinero, incluso salen gratis o a reclamar al maestro armero.
Como la cantidad, en el caso de referencia, es bastante astronómica, los más maliciosos acaso pensarán que la viuda “agraciada” está dando saltos y que no habrá dejado de pensar que, así, cualquiera puede prescindir de un familiar, sin pena insuperable.
El occiso andaba por los 30 y pocos años de edad. O sea que nació en plena época en la que ya se nos ha machacado sin descanso con prohibiciones, recomendaciones, informaciones y todo género de advertencias, incluidas las de las cajetillas. Cuesta creer que el finado nunca supiese “con quién se jugaba los cuartos”.
No simpatizo yo especialmente con las tabacaleras; tampoco con los fumadores, sobre todo si lo son, empedernidos. Pero quizá, “al César, lo que es del César…”
Porque si la cosa sienta firme jurisprudencia, habrá que preguntarse si podremos demandar, en caso de accidente de tráfico, a Qatar, Arabia Saudí o Venezuela, por ejemplo, tan productores ellos del petróleo que termina en gasolina.
Si podremos demandar a Poseidón (dios Neptuno, para los menos añejos) cuando un submarinista se ahogue en una gruta de la costa que el mar llena y rellena de peligrosa y traidora forma.
Si podremos, ay, demandar a Guijuelo, Jabugo, Cortegana, etc. porque nos han tentado de tan impía e irresistible manera con las delicias que, al cabo, nos matarán por demasiado colesterol.