Con un postrero envite de
trilero,
de saltimbanqui y de titiritero,
rematas tu “gestión” de despedida.
Decíamos “no caerá esa breva”
y es la traca final de tu salida,
la huida impostergable de tu
cueva.
Escamoteador que en la chistera
guarda el conejo muerto que
quedaba
y lo saca acabando la función
para brindar con espumoso cava.
Mas no es cava lo tuyo
sino un áspero vino peleón
de los más ordinarios de taberna.
Y aquí está el colofón
que suena con ruido de cisterna:
una ficción de brindis tan ruin
para una danza que toca a su fin.
*Hago un
guiño aquí, una alusión que captarán sin esfuerzo los numerosos lectores -que
seguro que todavía existen- de los romances que tratan de Los 7 Infantes de
Lara o bien de la morbosa peripecia de Don Rodrigo, rey y de Florinda La Cava.
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