sábado, 13 de septiembre de 2014

Cinema Paradiso



(Que ya se entiende, sin más.)
Fuera de su título, tan sonoro, este “film” fue estrenado con altas calificaciones y una elogiosa y algo embobada aceptación. O eso creo recordar.
Yo la dejé pasar en los cines, con una casi prevención instintiva, y anoche me la tropecé, recuperada y emitida por 13Tv.
Con una sobredosis de nostalgia, ternura rudimentaria y guiños que las jóvenes generaciones (muchas de ellas ya) son incapaces de sopesar porque no han vivido ni los flecos de aquello, el argumento va acentuando su carácter decadente y enfermizo para hacernos tascar la condición implacable del paso del tiempo y todo lo que va rompiéndonos por el camino.
Conste mi desacuerdo con ese exceso de morbo, lanzado a los espectadores con una intención que resulta bastante menos estética que estéril.
Philippe Noiret quien, junto con Jean Rochefort y algún otro, han dado ejemplos de cómo un actor puede ser francés y convincente, cumple su papel con sus acostumbradas sobriedad y eficacia.
Increíblemente, no recuerdo haber visto otra interpretación de Jacques Perrin durante más de cincuenta años, que se dice pronto. Pero la neurona correspondiente me avisó de inmediato: la cara doliente de aquel joven desdeñado, celoso y precozmente desengañado, débil ante el hermano chulesco, la Claudia Cardinale buscavidas y acorralada y la voz inolvidable de Celentano en aquellas hermosas canciones para la eternidad de “La chica con la maleta”, esa cara doliente era, es esta misma cara con la losa de años que todos llevamos encima.
“Cinema Paradiso”, más que otra cosa, es un innecesario golpe bajo cuyas nueces no alcanzan a justificar su ruido.

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