martes, 5 de agosto de 2014

Papa Francisco



Aunque, según en qué momentos, encajo a duras penas, supongo que soy, qué remedio, católico, objeciones y dudas herejes incluidas.
Reconozco así pues, al Papa Francisco. No discuto su sencillez, su accesibilidad, su entrañable aura de abuelete tierno. Creo que tiene habilidades que le, y nos, serán útiles en medio de esta “tormenta perfecta” que rige nuestro presente.
Y no niego que su antecesor, que ahora es a modo de pontífice ectoplasmático o reservista e ilustrísimo jubilado, me molaba más por el empaque aristocrático y culto, por la expresión concentrada y reflexiva, por el resplandor elegante de su cabello blanco.
Francisco también me agrada. Pero me desconcierta el hecho de no poder resistirme, cuando habla desde el balcón del Vaticano, al recuerdo hilarante y espléndido de Les Luthiers.

lunes, 4 de agosto de 2014

Modas en conflicto



De todos los colores, de todos los tamaños, las modas (a pesar de su poco discutible condición de ocurrencias o antojos transitorios y, en ocasiones, cíclicos, recurrentes) vienen causando comportamientos, expresando ansias diversas y originando frondosos debates sociales, a lo largo de los tiempos.
Infinita, la lista de ejemplos: minifalda, greñas a lo Bardot, pantalones acampanados y el creciente melenazgo en los varones removieron varios lustros, y aun décadas, a mediados del XX y eran la antesala de posteriores “avances”.
Como símbolo señero de esas mutaciones y diseños, se vivió con pasión la decidida disminución del traje de baño, dando paso a la prenda llamada bikini que ya atizó la controversia de forma premonitoria; y al compás de su paulatina reducción a mínimos, se llegó al fenómeno top-less, que significa sin lo de arriba y más adelante al tanga, que significa casi sin lo de abajo.
El personal se dividió y cerró contrapuestas y variadas filas.
Los pudorosos lanzaron de inmediato sus anatemas. Los caballeros enamoradizos aplaudían a las ajenas e intentaban frenar a las propias. Y ellas… formaron diferentes legiones:
1ª: la de las devotas rigurosas y perfeccionistas del bronceado, que consideraban heréticas e intolerables las marcas blancas donde el sol no tenía acceso y que tanto sufrimiento les habían inferido hasta la fecha.
2ª: la de las exhibicionistas, vanidosas de su belleza, en repartidos y cambiantes grados.
3ª: la de las calentorras aficionadas a la deriva incendiaria y provocativa.
4ª: la de las libertarias, a caballo entre el sufragio y el librepensamiento del “a mí no me prohíbe nadie que yo…”
Ahora me llega una noticia por indirecta vía: la moda arrasadora de los teléfonos móviles e incansablemente fotográficos, cuyos usuarios también defienden que “a ellos nadie les prohíbe que…” y captan en público todo lo captable, está llegando a cierto punto de fricción con la costumbre del bañador minimalista.
Colisión de derechos, preocupante conflicto entre modas. Insomnios y polémicas.
Es lo que decimos en el monasterio: o norma o desenfreno.   

domingo, 3 de agosto de 2014

Un informe sobre la decadencia



El Expediente, enviado por el Instituto Berger de Noruega para la Investigación de Veleidades Antropológicas, me llegó durante mi reciente safari por Kenia.
Lo tengo ahora ante mí. Expone los nuevos resultados obtenidos a partir de un laborioso trabajo de campo y de numerosas consultas realizadas con minucioso rigor en bibliotecas, hemerotecas y fonotecas de distintas universidades americanas y europeas.
Un nutrido grupo de enólogos, cardiópatas y periodistas de investigación (estos últimos egresados de las arduas academias de Telecinco) ha detectado, al nutrido grupo me refiero, señales indudables de decadencia en el relevo generacional contemporáneo. Teniendo en cuenta el alto vuelo y la dimensión incluso literaria de Don Juan y de Casanova, se pone de relieve, una vez más, una cuestión de estilo, o de su falta: es evidente que los individuos que, en nuestras calendas lamentables, remedan con ignorancia insufrible e insuperable cutrerío las “hazañas” de aquellos célebres depredadores del amor, suelen ser gentecillas de la más deleznable argamasa. El reciente ejemplar que ahora zarandea a la incorregiblemente crédula adoptada de controvertida cantaora, es apenas el devaluado trasunto de los ya históricos Tejados, Antoniosdavides y Dinios y Asdrúbales y Nilos y otros diversos especímenes de la más varia procedencia geográfica que, mejor o peor y más bien mal, han chuleado, o parecido, oiga, a sus chicas, trazando un propósito de supervivientes sin escrúpulos cuyos resultados están a la vista, además de haber sido espectacularmente predecibles.
Poca disculpa hallarán seres de conducta tan mandriloide, aunque las “damas” que a sus requerimientos responden tampoco parezcan orientarse mejor.
La Comisión firmante del Informe echa en falta un baño, una inundación, mejor, de lejía y se resiste, si bien con creciente dificultad, a asociar a según quiénes con los detritus que se acumularon en la arqueta del lavadero.

sábado, 2 de agosto de 2014

El tiempo pasa



Ya te digo.
Tengo aquí, con la costumbre que añaden los 24 años de esta casa, varias señales que me lo recuerdan.
Una, preferente (lagarto, lagarto: a fuerza de manosear las palabras, cuando las pervierten los artífices de las estafas, los sinvergüenzas cum laude, algunas terminan por asustarnos), el desplazamiento, respecto al islote del faro, de los ocasos, del sol. Que este verano, que se habrá ido en un suspiro, en un inocente traspié, en un descuido, ya va retrocediendo de nuevo para situarse con ceremoniosa puntualidad enfrente de estas terrazas, allá por noviembre.
Eso, si queremos, es una suerte de saludo o de homenaje; a decir verdad, se trata de una coincidencia, de la impasible danza del astro, de las obstinadas, aunque armoniosas, órbitas de nuestro planeta.
Aquí seguimos. Cuando remita, el próximo mes, la inevitable invasión anual, y todo sosiegue, estaremos a dos pasos de ponerle el cierre a 2014.
Y no, no falta tanto; se va en un vuelo.
De momento, para cuando vengas, acabo de poner la lavadora, con ese pijama mío del que te apropias y que, quedándote grande y todo, no consigue quitarle encanto a tu cintura, a tus caderas.

viernes, 1 de agosto de 2014

Necesitamos un repaso



Me viene sorprendiendo, y de chocante modo, la llamativa lentitud en el comportamiento del “Plegablito”.
Cuando lo he consultado con mi especialista/asesora, vengo a saber que la causa probabilísima, por no decir única, es que tengo algún vecino/veraneante adosado que parasita mi línea para Internet, ahorrándose así una solicitud, una cuota y una factura propias.
Sostengo que para robar, en cualquiera de sus modalidades, también convendría tener estilo. Que el valor, o el precio, de lo choriceado tuviese al menos un tamaño tan deslumbrante que supusiera una tentación de fuste, mínimamente comprensible.
Ser miserable como una rata, rapiñar sobras, virutas, desechos, deleznable e infame calderilla, ya califica a quien lo hace.
Es evidente la epidemia de “mangue” y corrupción que nos asola. Y que, desde las esferas e instancias de mayor relieve, se nos da un cochambroso y apestoso ejemplo. Pero eso no es suficiente pretexto para que cada ciudadano, por más mierdoso que sea, haga caso omiso de la conciencia, por embotada que la tenga; de la vergüenza, por poco de moda que se haya puesto.
Necesitamos un repaso. Un baño de la más radical lejía y un fortísimo centrifugado.
Porque España no se merece que su gente se esté volviendo tan bajuna.