En el blog de ayer (“Caleidoscopio”)
ensayábamos una opinión acerca de esta genial artista y de los mimbres con los
que construye sus cestos. Estas líneas de hoy quieren aproximarse a la canción
BERGHAIN que asoma inicialmente como abanderada de su reciente álbum publicado.
Lo que con
cierta indefinición se nos ofrece como música popular de consumo (valga la
etiqueta) suele, de un tiempo acá, andar escasa de la relativa originalidad
disponible: siete notas básicas, para armar los diversos laberintos y
filigranas, siete notas muy manoseadas ya por el atrevimiento de los mediocres
o de los que también hay, estudiantes aventajados aunque demasiado émulos de
sus maestros. En ocasiones, meras fotocopias disuasorias.
Rosalía, al
experimentar con sus personales recetas y mezclar ingredientes que, siendo
previos, ella altera e injerta de simbolismos y ensueños y dislates apasionados
de psicología con diván, consigue temas resplandecientes e inesperados como
este “Berghain”, y nos traspasa con una ráfaga o repelús de algo puede ocurrir todavía que nos conmueva.
Y ocurre.