sábado, 15 de marzo de 2014

Vespa amarilla o así



Nos tememos, comprobamos que hay gente fría, insensible, chocantemente pragmática, decidida a abolir, como rabiosos iconoclastas, las referencias que sostuvieron y animaron al hombre.
(Los memos y las memas se quejarán si no añadimos “y a la mujer”. Ésta es gente desocupada que siempre andará reformándolo todo y a peor. No hay que agobiarse: es cuestión de tiempo que se le pase el sarampión, por cansino que ahora resulte.)
Mientras cuelgo a secar la ropa en el tendedero, escucho el motor de la vespa amarilla o así en la que mi cartero de zona viene a repartir el correo. Nos saludamos; me entrega las cartas (no importa que sean anodinas, papeles de los bancos, propaganda electoral).
Parece que milenios de esfuerzo han construido paso a paso la idea de que el género humano (“la génera humana”) tiende a y quizá necesita de la comunicación.
Los lazos, los carriles que arduamente y con encomiable insistencia se tendieron merecen otro respeto que el que demuestran unos cafres que, al parecer, han concluido en Canadá que el correo clásico no es ya rentable en esta prepotente era de la cosa digital/virtual y que, por ende (fino giro que acaso desconocen), hay que eliminarlo.
En épocas pasadas, desde mi solio, habría pronunciado su anatema, decretado su excomunión. Ahora bastará con unos gramos de “olímpico desdén”, esta vez con base.
Porque creo que mola el cartero en su vespa amarilla o así.    

viernes, 14 de marzo de 2014

Cádiz: una reflexión dispersa



Casi 60 años hace. Y alcanzamos a conocerlo.
El camino entre dos aguas que venía de San Fernando (porque no había entonces puente para evitar esa vuelta a la bahía), resolviéndose discreto y al tiempo inaugurando una avenida modesta de villas y casitas discontinuas que podían mirar al mar sin estorbos.
Más o menos, que no demasiado, postín; otras, ni eso. Más o menos, los tamaños. Difícil precisarlo ahora en el recuerdo.
Me traían aquí. Al mismo mar que ahora me acompaña. Yo no pude saber, pero sí presentir, la atracción, el tirón que ahora me engancha: el olor, el sonido, el color. El movimiento eterno de las aguas. La presencia, las mareas (y a la noche, la luna como un foco de un musical años 30, prometiendo en falso, ilusionando: “Baila para el loco que te ama y te compraré un collar”. O algo así).
Villa Regina, Villa Extremadura, alguna otra. Casi heroicas señales, restos de la resistencia. Quizá vestigios de los decentes acordes postreros, del no venderse como sea.
Ya hace tiempo que todo se llenó de bloques. Verdad es que había que ganar sitio como fuera.
Como fuera.
Menos mal que te salvan el aire encantado, la luz, única. Las fachadas y patios neoclásicos al salitre. El no sé qué, Cádiz.
Es mentira que te quieran mejor los que, con folclore falsorro, te llaman “Cai”, comiéndose las letras, presumiendo de una condición cañí y un seudocasticismo que acaso tiene más de mercadillo y saldo que de denominación de origen.
Descuidar el habla no parece una buena opción.

jueves, 13 de marzo de 2014

La monarquía gastronómica



Que ya digo yo a Vuesas Mercedes que no siempre se sabe de lo que se está hablando.
“Hemos comido como reyes”.
Esto se dice con más frecuencia de la que aconsejaría la prudente contención de los términos. Por ejemplo:
Langostinos rebozados.
Crema de zanahorias (consistente, con perfecto espesor e ilustrada con pollo y tropezones de jamón ibérico).
Y para no perder comba (¡ay, aquellos juegos en que las niñas saltaban a la comba, en tanto las de hoy se despeñan a veces por los cenagosos bajantes de Internet!), redondo de ternera al vino tinto.
Postres y dulces. Moscatel Viejo del Sanatorio para bendecir esas insuperables delicias de la sobremesa.
Seguro que Bergia me comprende. Un saludo, artistón.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Aniversario gris marengo



A los diez años del 11M se remueven de nuevo los análisis, las polémicas, las burdas excusas y las seudoexplicaciones de tanto como se hizo mal y no ha quedado resuelto a fuerza de irregularidades, espesas sombras y confusos vericuetos por los que anduvo todo el correspondiente proceso.
Los clásicos bandos se sacuden las acusaciones y ponen de relieve, una vez más, cuán bajas miras, cuántos intereses impresentables están detrás de sus gastadas y vulgares retóricas.
Sólo que…
la infame utilización de todo aquello, ¿a quién benefició?¿Quién se llevó, contra todo pronóstico, aquel gato al agua? Y ¿con cuáles ruinosas consecuencias en la economía, la política, el rumbo global de España durante los lamentables años siguientes?
Soportamos a diario un diluvio de mentiras. Y de las interesadas, que son las peores.
Pero la factura la estamos pagando todavía. Y es carísima.

martes, 11 de marzo de 2014

Fiesta de guardar



Hoy es domingo y luce
un sol extraordinario por Madrid.
Sabemos
que el tiempo se gasta, que
el camino va siendo largo
aunque no estamos dispuestos a dejarlo.
De modo que Ud. tiene entre los brazos
el tibio cuerpo desnudo
de la mujer amada.
Y decide que media mañana fluya. Sencillamente.
Más tarde, Ud. se ha propuesto que, contraviniendo las seudosabias prescripciones de los “entendidos”, abrirá una (o dos) botellas de vino blanco, puesto a enfriar desde ayer, para acompañar de tan heterodoxa manera la carrillada ibérica prevista.
No podemos decir, sin ser embusteros, que esto propiamente sea
la antesala de la muerte.