jueves, 5 de septiembre de 2013

A todo hemos ido y vamos llegando

Incluso a la imputación, fea palabra, de la infanta Cristina que casi imposiblemente podrá separarse de los manejos más que impropios del marido. Y es que el deportista, al decir en la tele de Jaime Peñafiel, ya tenía de atrás chocantes borrones que no todos tenemos. Y luego fue a peor y lo que ya anda año y medio, o más, en el juzgado.
Incluso llegamos a la terminación de mi álbum “V”, 20 canciones de estreno, de diversas añadas: grabación, entre octubre, enero y febrero, carpeta en abril, a cargo tradicional de Ortuño, y prensaje tras el correspondiente papeleo.
Y, mientras se ha impuesto de modo bastante unánime lo de Papa Francisco, que así no nos acordaremos del rey francés, prosigue la creciente floración de los escándalos, las corrupciones, los aprovechamientos puercos de unos y otros, el desmadeje de la pobrecita España. Se quejan los políticos de que se generalice la pésima opinión que tienen de ellos los ciudadanos; pero es que “nos sobran los motivos”. Por eso hay que entender el fenómeno “escrache”, otra palabra feísima, vaya día, aunque esté pringado y manipulado por agitadores, pero que empieza a zarandear la mampara de metacrilato impasible, los impenetrables cristales tintados y blindados, hasta las tupidas celosías andalusíes con los que pretenden esquivar las salpicaduras los jefes y jefecillos.
El personal está más que aburrido de echarle paciencia a las cosas y de portarse dentro de la mansa legalidad, los cauces debidos, todo el truco ese de las formas, sin que tanta cortesía traiga otra cosa que aplazamientos y balones fuera. Y va llegando a la interpelación directa, ocasional, próxima en lo físico, con manifiesta tensión incluida, propia consecuencia de quienes, cientos de miles, millones, sienten cómo se les toma el pelo, cómo sigue la juerga por arriba, en brutalísimo y nada discreto contraste con el aperreo y las ingentes dificultades y penurias, la ruina de los de abajo.
Los de abajo, a lo largo de la Historia, han optado en ocasiones por catarsis drásticas, extremas. Por supuesto que la guillotina ya no está de moda, esto es una obviedad; pero tiéntese la ropa esa casta de frescos desahogados que lleva las riendas porque un día podría volcar la diligencia, si no es que antes la asaltan los indios y, a todo se llega, da comienzo el corte de cabelleras.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Adelante

Como el disco de plata que ya han dicho todos que es, la luna llena (la “luna de día” de Juan Manuel) lo miraba por encima del mar. Desde que, finalizando la tarde anterior, había asomado por la parte de atrás de las casas, cada uno había pasado la noche a su modo regular/irregular.
Apenas se levantó, volvió a escuchar por enésima vez el instrumental que compusiera dos días atrás y que lo dejó exhausto. Solemne, triste, como cabía esperar de aquel tránsito, de aquel tiempo. Mientras, observó distraído los libros que se amontonaban ya con creciente confusión en la estantería; el desorden general de esa habitación-leonera donde hacía música, escoltado, vigilado por las guitarras que, enfundadas en sus negros estuches, soportaban en sus cuerdas, en sus piezas metálicas, la minuciosa devastación del salitre, un poco parecidas en su posición vertical a esos guerreros chinos de terracota que habían sido el asombro y la principal atracción del Fórum de Barcelona, a la postre más ruido que nueces. Por cierto, pensó un instante, asumir los distintos grados de protagonismo, las diferentes estaturas, es otra forma de sensatez. Igual convendrían menos eventos y más sosiego.
Volvió a lo suyo: él sabía por qué, había titulado provisionalmente esa música – no sé si pavana o chacona – “Cyrano trae la luna para Roxanne”.

martes, 3 de septiembre de 2013

La mañana

del 1 de mayo, pintoresca costumbre, fue el día de los trabajadores. Lo  dijeron por la tele: 6.000.000 de desplazamientos para aquel puente. Como había 6.200.000 parados, la cosa no quedó tan desequilibrada.
La crisis.
Y los derechos. La broma pesadísima, durante muchos años, fue ir añadiendo, amontonando derechos, esa golosina que a cualquiera le gusta. Lo que no dijeron o lo dijeron de medio lado, o lo dijeron con el optimismo irracional y sólo voluntarista y quizá fingido de que “todo va a ir siempre bien”, no jodas, lo que quedó en el aire fue la financiación de todos esos derechos. Más claro: la puesta en práctica de todos esos derechos, ¿con qué dinero se iba a pagar? ¿De dónde iba a salir, y sin interrupción, tantísima pasta?
Vale que hay brutal y crudelísima orgía fiscal, vertiginosos despilfarros, trinconeos a espuertas. Y que la impresentable cobardía o los intereses creados de Rajoy (como de sus antecesores) no le dejan meter en vereda el desmadre, y eso con una mayoría absoluta.
Pero, incluso con las cosas resueltas, para una serie interminable, infinita, de derechos, para tanta halagüeña complacencia prometida, ¿caería suficiente pasta del cielo?
¡Venga ya!.
De lo que, al menos, no podrá acusarse a don Mariano es de gobernar, “o no”, con la mira puesta en conservar los votos. Sostiene que las medidas adoptadas, harto impopulares, son necesarias, y debe ser verdad; lo que falta es lo otro, lo que a la casta (políticos, sindicatos, enchufados) no le conviene. Aguirre y Rosa, desde el sentido común, ya le van dando la carga.
Por esas fechas, Caballero Bonald ganó el Cervantes, y su discurso en Alcalá de Henares tuvo enjundia, sabiduría y emoción. Sin ser de mis favoritos, su talla es indiscutible y gana todavía más relieve en estos tiempos en que la lozana mejicana, por ejemplo, dijo en acto público que “El Quijote” es de Quevedo. Genoveva, que seas guapetona no puede hacerte perdonar un dislate así. Déjale eso al singular Maduro, dedicado a continuar la malversación de Venezuela mientras vomita antiespañolismo, esa rabia típica, ese resentimiento de los inferiores, de la gentuza, Chimo.

lunes, 2 de septiembre de 2013

El virtuosismo de las carambolas

Rito de acero frío, calma rara,
álgebra elaborada sobre verde;
tiza y taco, silencio,tensas caras.
(Abismos los que ganan, los que pierden.)

Vista de lince o fino microscopio
que mide trazos, líneas y distancias;
un alarde de pulso en la energía
controlada, no exenta de elegancia.

Al calcular abstrusas relaciones
en su callado vértigo instintivo,
hay un sordo fragor de corazones,
un ballet de equilibrios reflexivos,
y un algo de sonata cabalista 
en esa esgrima de los billaristas.

domingo, 1 de septiembre de 2013

La prepotencia y la impotencia

Por las mismas fechas en las que (algo ha llovido ya) Lorenzo Milá dijo en la tele aquello del “vendaval de viento” en Santander, recuerdo que tuvimos que soportar la insolente chulería de unos cuantos millonarios alardeando de cagarse en las leyes de tráfico, organizando una peligrosa e incontrolada carrera de superautomóviles, pagando con gestos de capo y en metálico las multas, para ellos insignificantes, que modosamente les imponían los agentes de policía de turno, con rutinaria resignación. Y toda esa verbena sigue reproduciéndose con cierta periodicidad, glosada, amplificada con obscenidad por las televisiones, impregnadas de un impresentable tufo de rastrera admiración hacia esos falsos héroes con (presunta) alma de delincuentes.
La temeridad y la desfachatez de esta gentuza está poniendo en serio peligro a los usuarios de las carreteras y acaso sirvan de perverso ejemplo, de estímulo a otros salvajes. Su práctica cuasi impunidad nos deja la envenenada sensación de que su prepotencia es directamente proporcional a la impotencia de las autoridades, por otra parte tan crecidas y rigurosas, tan admonitorias y fisgoneadoras, tan aficionadas a retirarnos los puntos del carnet, por muy menores motivos, a los débiles peces chicos del estanque.
Una jodida vergüenza.

Cocktail

Preclaro artífice de la tauromaquia lo ha ponderado ya con ocasión de alguna conspicua entrevista de esas que, con cierta sabiduría y algo de magnetismo, realiza Quintero en la tele para nuestro mejor entretenimiento.
Sus efectos balsámicos, analgésicos y se diría que incluso anestésicos son tan evidentes como admirados, y sin duda van levantando creciente legión de seguidores, de prosélitos de ardiente fe henchidos, tal que si de una secta iluminada se tratara.
Conocemos por experiencia personal y reiterada su eficacia maestra, la ductilidad de su administración, su cómoda presencia en el mercado, que avala una distribución profesional y firme. Y a tal punto de excelencia van llegando las bondades de su característico sabor a menta y eucalipto, que Nos lo proponemos como base inmejorable de un nuevo combinado cuyo éxito pronosticamos sin titubeo visible. Un nuevo cocktail de diseño, llamado a triunfar en los más selectos círculos sociales: “Espidifén Pilé”.