A los
preclaros, aunque sufridos, varones:
Nos, veterano
curtido en sinsabores, mudanzas y demás aconteceres que la vida zarandean, por
cuanto hemos experimentado los detalles que pueden derivarse de dichas
adversidades, mandamos que en adelante se cumplan las disposiciones que en esta
ordenanza van expuestas y que son, a saber:
1.-
Advirtiendo la disparidad de temperatura corporal y de sus consecuencias que
suelen darse entre los matrimonios, amancebamientos y otras diversas
modalidades de la convivencia en pareja, mandamos que, a requerimiento
insistente de la mitad femenina de los antedichos emparejamientos, se proceda a
sustituir la manta y colcha clásicas por un edredón cuyo volumen, poder
calefactor y dimensiones colosales evoquen la imagen de níveo (que otros llaman
albo) paracaídas y cuyo menor peso (en comparación con la manta tradicional) aplaque
las reclamaciones previamente originadas.
2.- Ítem.
Habiendo considerado que esa transustanciación causa radical cambio en la
acostumbrada estética del lecho conyugal (que ahora ofrece el aspecto algo
sorprendente de gran túmulo apenas gobernable o colina amplia y ondulada), otrosí
mandamos se hagan las pertinentes reflexiones para asimilar con la menor mengua
de la credibilidad propia la modificación instituida, como penitencia a
descontar del tiempo correspondiente que se determinare en el Purgatorio de la
otra vida.
Todo lo cual
ordenamos guardar y llevar a cabo, so pena de nuestro desacuerdo discrepante y
consecuente anatema.
Querido bardo: Se intuye que estás a un paso de dejar de compartir lecho.
ResponderEliminarSalud y suerte desde Aluche.