Desautorizando
el tono conminatorio, los modales mafiosetes y la arrogancia de mercadillo que los
kikirikíes del gallito de corral Sánchez incluían en su obcecada y anticipada proclama
sobre la inocencia del Fiscal ése, tan reacio a dimitir…
… el Tribunal
Supremo ha resuelto que de eso, nada y que el mal uso del poder tendrá su
sanción correspondiente.
El Supremo ya
conoce las mañas del “jefe”, tiranuelo que cambia amnistías y perdones (y más,
más cosas) por votos que necesita y enseguida lo someterán, juego siniestro de
trileros y de cromos falsos. Y aun así, los señores magistrados han sabido
portarse una vez más, actitud recta que les honra.
Sobrevendrá
seguramente un recurso ante el Constitucional, a cuya sombra cunden los hongos
de unas dudas no imposibles. Ya se verá; y también queda, para el postre
envenenado, la mofa programada e infame del indulto, esa variedad aquí de un
espanto del que, a la fuerza, ya estamos curados.
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