miércoles, 27 de enero de 2016

Mina Mazzini

Debieron ser la elegancia y el poderío indiscutibles, los resplandecientes atributos que motivaron (en el verbo siempre lujoso de los italianos) el apelativo de "la tigresa de Cremona", localidad famosísima desde antes por sus extraordinarios violines.
Dando otra medida de la excelencia, Mina ha sido siempre magnética de voz y mirada, majestuosa de registros y honda o bien entreverada de sabias picardías, dejando el listón tan alto que las otras de su división improbablemente podrán superarla.
Como tampoco cabe sustraerse al vertiginoso e inquietante maquillaje de máscara de tragedia clásica que la caracterizó, y que supo retorcer con ironía, con dolor, con pasión, mientras sus movimientos de cuerpo, de brazos, de manos, iban subrayando la expresión suntuosa de una garganta privilegiada.
El Hipocampo depone toda sobriedad para que vaya aquí nuestra admiración hacia Mina y su magisterio, hacia la alta independencia que corona su edad. Hacia la hermosa fortaleza de su arte.

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