domingo, 27 de octubre de 2013

Preguntas desoladas



Si aquí, en España contamos 45, o 46, o 47 millones de ciudadanos/habitantes o así (la cifra se mueve: gente muere, gente se larga a buscarse la vida por ahí, gente regresa a sus predios de origen porque para ellos esta tierra dejó de ser el chollo esquilmable, ordeñable, exprimible que los atrajo), forzosamente eso incluye un porcentaje, cientos, miles de personas decentes, inteligentes, laboriosas e ilusionadas.
¿Qué tendrá la política de infecto, de disuasorio, de esterilizante, de maniobrero y corrupto, de saboteador de cualesquiera buenas y limpias intenciones, como para que casi nadie, de entre ese porcentaje, se atreva o se anime a participar?
Y en manos de los que vemos, esta panda de tíos (y tías, sí, sí, no os escondáis ahora y daos gusto, tías también), ¿tendrá que seguir para siempre el destino de nuestras vidas, de nuestra Nación?
Los callados, los cansados, los decepcionados, los acomodados y los comodones, los “prudentes” en exceso, ¿seguiréis sin clamar, ya mismo como sea, por el cumplimiento de los compromisos, las obligaciones, las promesas?; ¿sin exigir, que va a tener que ser a las bravas, las inaplazables soluciones?
(--¿Qué tienes, la sobremesa rebelde?
--No, estaba soñando con un maremoto de lejía. Con un tornado de insecticida.)

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