domingo, 15 de febrero de 2015

"El aparato del fondue está para la venta"



(Cito de memoria y creo que reproduzco con fidelidad, en las extrañas concordancia y construcción, la oferta de aquel cartelito.)
En nuestro “palomar” privado, si no recuerdo mal, éramos asiduos degustadores de los camarones al ajillo que el antillano Mr. Smith, obsequioso, pícaro y discreto, también ceremonial como un jefe de tribu antigua, nos ofrecía con su sonrisa cómplice y sus aires de gran anfitrión profesional, dejándonos luego a solas con nuestras confidencias, con nuestras caricias en ascendente tropel, con nuestro ensimismamiento a dúo al que no queríamos, tan “rebeldes”, llamar noviazgo.
La vida lleva y trae tiempo, órbitas, asuntos. Siento ahora que quizá el demasiado entusiasmo de los momentos (¿no os ocurrió a vosotros?) me restó algo de concentración con la que retener y evocar ahora, con más precisión y profusión, los recuerdos de lo que hemos sido, tan lejanos.
Para contar por escrito en este cotidiano Blog del Hipocampo algunos detalles de veteranía romántica de esos que tanto gustan en París.
Entre sueños, escuché llover toda la noche.    

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