sábado, 25 de febrero de 2017

Esas cantidades



Una vez dijeron por la tele que un grupo de científicos publicó datos e investigaciones según los cuales el planeta Venus debió ser como la Tierra ahora es, más o menos. Sólo que hace cuatro mil quinientos millones (4.500.000.000) de años.
A mí siempre me ha resultado admirable el desparpajo con el que especialistas, supuestamente ponderados, hacen tan vertiginosos cálculos, fíjate, Tita, al lado de los cuales, en qué poquita cosa se quedaban los siete u ocho metros de acera que ¿tánto iban a influir en tu/nuestro museo? (Y eso que ahora queda otra vez por resolver el destino de tu Colección.) Ya sé que todo tiene su importancia, y que además tú ya tenías por entonces bastantes disgustos con el sofocón de la boda de Borja, etc. pero estos científicos suelen darme un ejemplo para asumir con modestia la pequeñez de nuestra vida, la insignificancia del tiempo que duramos y la vanidad de nuestras aspiraciones y propósitos.
Más todavía si tenemos en cuenta a los filósofos y pensadores ilustres que sentaron la teoría de que Dios (infinito, eterno y absoluto omnisciente) ve, de antemano y para siempre, todo lo que hemos sido, somos y seremos, y lo que hicimos, hacemos y haremos, situación bastante correosa que deja poco resquicio para el ejercicio de una presunta libertad y una auténtica preocupación por lo que, sin remedio, va de inevitable y predecidido.
No achacaré yo estos pensamientos a la incomodísima lluvia de barro de estos días atrás y que por fortuna parece ir cediendo. Y aun así...

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