jueves, 3 de noviembre de 2016

Toneladas

de tecnología y fastuosos efectos hacen de "Dr. Strange" una película/espectáculo que probablemente supera muchos de los experimentos conocidos hasta ahora.
Partiendo de una primera sofisticación en la peripecia (diseño más "nivelazo" en todo), el personaje central se ve sometido a una incapacidad extrema que lo condiciona incluso a la hora de afeitarse y para escribir su propio nombre. Ahí sabemos de qué va el asunto; y podemos sentirnos algo tocados.
Luego suceden la peregrinación y la fantasía desbocada, el proceso de aprendizaje extremo, los rigores, etc., etc.
Acaso hay un punto considerable de simbolismo, de comic, muy del gusto vigente entre el público de hoy y una cierta saturación hacia el final, con notas chuscas (la capa, los "abanicos" estilo Locomía cibernética de la Anciana). El Bien, el Mal, la Vida Eterna, esas cosas.
Y por otro lado está "Ouija" que es impresionante y radical como casa de los horrores. El grandioso volumen de los gritos y los golpes no es la causa menor de los sobresaltos que se infieren al espectador. Más que la macabra y espeluznante historia, es eso lo que mejor nos asusta.

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