miércoles, 1 de junio de 2016

El hijo pródigo

Casi dos meses separados.
Ha sido laboriosa la intervención requerida. Larga, la lista de piezas, componentes, etc.
Hoy por fin, el Gordo regresó a mis manos. Me miraba con alguna desconfianza, en parte por el grave sobresalto que sufrió (que sufrimos) y en parte porque he perdido peso, cosa que advirtió enseguida, nada más montar en él.
Yo en cambio, después de la costumbre del Z, que tiene una condición algo más liviana, lo he notado contundente, aplomado, transmitiendo ese carácter de seria "fiera agazapada", como creo que una vez se le dijo en estas líneas, más virtuales que virtuosas.
Cuando volvía conmigo, involuntario hijo pródigo, ya nos íbamos acoplando, en esa síntesis que sabemos, compartimos y que tantas horas y kilómetros nos hicieron y, Dios mediante, nos harán disfrutar.  

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