sábado, 21 de mayo de 2016

Miguel de la Quadra

La gigantesca diferencia en la dimensión de nuestro respectivo relieve público, y que practicáramos actividades muy alejadas entre sí, no supuso obstáculo alguno.
Así que alguna vez, sin llegar a conocernos nunca en persona, nos cruzamos, y no dejamos de reparar recíprocamente en las miradas recias y -- un punto de socarrón y complacido desafío -- la fiereza en los mostachos de mosqueteros curtidos.
Me precede él en el tránsito que a todos aguarda. Le deseo el digno sitio que sin duda le corresponde en eso que llaman la otra vida.

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