viernes, 19 de junio de 2015

Recomendación




Aunque seas cristiano de nacimiento, católico de corazón, incluso cofrade por afición espontánea…
Como se te ocurra ponerte en una procesión de Semana Santa, Corpus, etc., te lo van a tomar muy a mal, porque eres alcalde, concejal, o lo que seas, de todos, del pueblo soberano y esperpéntico, o sea que también de los musulmanes, los budistas, los ateos, los rojos, que es casi lo mismo, y así sucesivamente.
Y en ese rollo tan moderno que son las redes sociales, seguro que alguien va a clamar por esa barbarie tan antigua que es el empalamiento: el tuyo.
Y ahora, ¿qué tipo de linchamiento, de sádica y contundente tortura deberán reservarte si en público osaras manifestarte aficionado, forofo del Betis, por ejemplo, o de Miguel Bosé?
Porque ese definido y concreto favoritismo, esa fervorosa adscripción, ese tomar parte, no dejará de ofender a los siempre asilvestrados aficionados de los otros equipos, a los conmovidos “fans” de otros conspicuos y melifluos cantores.
Más interrogantes me desvelan, más dudas me afligen: si te da por el tenis, ¿se dolerán los que prefieren la danza clásica, el parchís? Si proclamares, a despecho de tu alto y absorbente cometido político, de tu compromiso global, e incluso con modosa discreción, tu activo gusto por la sevillana feria de abril, esa juerga tan andaluza, ¿se encabronarán, cosa fácil en ellos, los separatistas catalanes, los rudos y raciales levantadores de piedras de las provincias vascongadas?
Yo que tú, iría dimitiendo de urgencia.

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