viernes, 30 de enero de 2015

Alexis Tsipras



Lo acaban de poner de jefe en Grecia…
(Escuchando su discurso, las neuronas activaron un remotísimo nombre en la memoria: Yuki, el temerario. Aquello era un tebeo para los chavales que fuimos. Las neuronas tienen sus veleidades; tras un instante, he retomado la reflexión.)
… en Grecia, y es de la variedad “complaciente” y “simpática” que enseguida le suelta a la gente dádivas agradables. Así que, por ejemplo, ha decretado un salario mínimo para los griegos bastante más alto que el que corresponde aquí a los españoles.
Esta medida, que en teoría obliga a los empresarios a ser más rumbosos, podría quedarse ahí. Pero imagino que afectará también a las instituciones y empresas públicas.
Y ya tenemos la palabra: lo público.
El entramado europeo de recíprocas y solidarias asistencias, etc. ha recabado de España (que nos lo han repetido por televisión) 26.000 millones de euros para ayudar a Grecia a salir de sus particulares problemas. La importante cifra se extrae, naturalmente, de nuestros bolsillos, a fuerza de impuestos: A LA FUERZA DE LOS IMPUESTOS.
Nuestro dinero, con tanta exigencia, esfuerzo, incluso sufrimiento, aportado, ¿se va a ir en “alegrías” ajenas que nosotros no nos atrevemos a permitirnos ni en los Carnavales de Cádiz? La medida citada, ¿pasa de rumbosa a desahogada, a chulesca?
No me parecen de recibo esas falsas “complacencias”.

Como tampoco las de la RAE que, plegándose (como otras veces) a la comodidad de las inercias y rindiéndose a los hechos consumados, terminó por admitir o recoger (en 1984 y advirtiendo de una condición de galicismo, para mí despreciable) un espurio, y absurdo por lo contradictorio, significado de ENERVAR, contraviniendo el claro mandato de su evidente etimología y raíz, Emiliano. 

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