viernes, 27 de junio de 2014

Sobremesa interiorizada del Hipocampo



De vez en cuando me apropio del tenedor, el cuchillo y la cuchara que compré para ti. Un juego (un set, que dirían los que te dije) que era para tu exclusivo uso, porque mi devoción, hasta en las nimiedades, siempre te puso por encima de lo que hiciera falta.
Las cosas rodaron como sabemos; nos las rodaron como sabemos. Ahora doy gracias a Alá, el Todopoderoso, porque van bien. Y toco madera, por si no fuese suficiente con la oración, con la invocación sagrada.
Parafraseando a los apoderados taurinos, que refieren la temporada en plural (“hemos firmado tantas corridas, hemos cortado tantas orejas, etc.”), hemos sufrido algún contratiempo en cierto examen. Pero es rara avis, en un recorrido que por lo general ha abundado en lucimientos, curso tras curso. Así que adelante.
Y con las enésimas copas de bourbon que se alargaron con heterodoxia desde el solomillo al postre, te digo otra vez, que ya lo sabes, y aunque no coincidamos en la totalidad de tu deriva (o sea, lo normal), que siempre seremos, blanco y grande, pequeña y morenita, los del cuadro del dormitorio principal aquí, en nuestra casa de la playa.

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