domingo, 15 de diciembre de 2013

Una nota de prensa



Úrsula Esdrújula, desde niña dio muestras fehacientes de un temperamento díscolo. Con los años, prestigiosos doctores le descubrieron una patología psíquica en la que se manifestaba su doble naturaleza cleptómana y narcoléptica, que la llevaría a protagonizar asombrosas y celebérrimas anécdotas, ampliamente difundidas por la periodística frívola de su época en la pequeña población en la que vivió, en el estado de Oregón, aunque diletantes investigadores insisten en que era oriunda de una aldea al norte de Idaho.
Se han referido de ella (de Úrsula) su desmedida afición por los vehículos a motor y, en sus postreros años de existencia, esporádicos comportamientos de empedernida dipsómana y casi cataléptica (que no catalítica).
La extravagancia de su aspecto físico, del que circulan dispares informaciones, y la extraordinaria deriva de su hiperbólica conducta la han situado como uno de los hitos prominentes de la contemporánea historia de los Estados Unidos de América.
Analistas desconsiderados han sostenido que fue, otrosí, catatónica, sin tener en cuenta, con manifiesta imprudencia, los cambiantes y evanescentes avatares a través de los cuales transita con desasosiego la doliente especie humana.  

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