viernes, 1 de noviembre de 2013

La fiestecita chorra de noviembre



Halloween, para los ilustrados. O sea, las caras pintarrajeadas, los disfraces y máscaras tétricos y las iluminadas calabacitas de los cojones.
Exceptuando casos aislados, y penosos, creo que podríamos convenir sin violencia en que los niños no nacen tontos: no vienen tontos “de serie”.
De modo que estaría bien no empujarlos con apresuramiento a las mamarrachadas, a las frivolidades y a las inconsistencias, y menos si son de importación, que ya tendrán oportunidades sobradas de echarse a perder ellos solos con el tiempo.
La memez de las calabazas tiene un chocantísimo tufo a tontería ajena, copiada aquí tarde y probablemente mal.
Raro que la legión de los antiyanquis (que son los mismos que más se pirran por las hamburguesas de Burguer King y similares, los pantalones vaqueros y el cine “made in USA”) no hayan pensado, y llevado a cabo, una ocurrente manifestación de rechazo con la que dejar arrasada la Castellana y las Ramblas y en la que, de paso, podrían ondear con entusiasmo las banderas que tan llamativamente faltaron el pasado domingo en la Plaza de Colón.
Y para el puente, 4.400.000 desplazamientos, la DGT dixit, Renfe y la huelga siempre oportuna, qué monada, y qué pudorosos en la “tele”, con ese prurito de pixelar el cigarrillo culpable de los fumadores.

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