Durante el viaje, fue habiendo de todo.
Y luego, sucesos aleatorios, casualidades que se
volvieron causalidades, descuidos, depresiones, inacción… No todo pudo deberse
a errores, a las propias decisiones equivocadas. Y de pronto, se encontró fuera
de la nave, flotando en el… (¡Dios mío, estoy realmente afuera!)… espacio, un
eterno silencio, un infinito de impasible soledad.
Intentó, una vez más, pensar.
(Los
sueños son disparatados. Aunque se filtren en ellos imágenes, ideas,
sensaciones: que estamos solos, sordos, desentendidos, divergentes en la
disponibilidad y los propósitos; recorriendo circuitos ya transitados, mientras
reclamamos, pretendemos, suplicamos la urgente salvación.)
Mientras terminaba de perder la consciencia, creyó que
alargaba los brazos, interminablemente, y conseguía tocar las distantes estrellas;
le pareció que era al fin satisfecho en sus sueños, en sus deseos.
(Va
llegando más temprano la luz del amanecer. ¡Qué alivio, vaya nochecita!)
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