martes, 11 de septiembre de 2018

Una página suelta

Intenté hacer memoria. Y, entre mí:
--Para que haga 40 años de esa canción...
Y rebusqué en páginas de cuadernos amarillentos. -- Del 77. ¡Vaya!
Os la expongo hoy, con su título provisional, por más que, a estas alturas, pudiera ser inamovible.

LA TARDE se me marcha, ventana prisionera
de esta ciudad oscura, de esta ciudad ajena.
Es corta mi atalaya y "el campo queda lejos":
quizás es que me engaño en el espejo.
Sin deshacer las nubes, teñidas de naranja,
a las seis de la tarde salió la estrella blanca
y el oro de los montes se vuelve azul turquesa.
Tantos noviembres, poco a poco, pesan.

¿Por qué no me llamaste? ¿Tánto te ha sorprendido
el sentimiento que has movido en mí?

La tarde me resume el día con la noche
en la sutil caricia que ondula el horizonte.
La tarde me suspende el tiempo y los sentidos:
tantos noviembres, con tu amor cumplidos.

De las mil y una tardes del mágico desierto
donde quedó mi alma saldrá un soplo de viento
que se vendrá en las nubes  hasta rozar tus labios
con mi rendido aliento enamorado.

(En un entorno urbano -- edificio grandote, al lado de aquella circunvalación, farolas nocturnas desde la alta terraza -- ¿suplían los sueños según qué asperezas de la realidad, qué iniciativas, frustradas no lejos del Escorial?)

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