domingo, 4 de marzo de 2018

En el garaje

Al Clavileño Estelar
le sorprendió mi visita
después de tan luengos días
de asueto tan sibarita.
Me miraba de hito en hito
y con gesto interrogante
y términos eruditos
interpelóme, arrogante:

"¿Vuesa Merced sufre acaso
de amnesia o de humor sombrío?
¿O lo retuvo el parnaso
de un absorbente amorío?
Voto a tal que no se entiende
tan contumaz abstinencia
si por medio ningún duende
os impide la asistencia.
¿No sacarme de paseo
al cabo de dos semanas?
¿Pretendéis hacerme un feo?
¡Explicadme la desgana!"

(Es su lado femenino
que, caprichoso, se encrespa.)
Yo, con resabios taurinos,
le recuerdo su destino:
¡Ni que fueses una Vespa
o un vespino!

Después que serenamente
le cuento que las borrascas
eran el inconveniente
para marcharnos de tascas
-- porque el barro no nos gusta
ni mojarnos a deshora --
viene en razón y se ajusta
las maneras de señora,
admitiendo
que no existió un abandono.
Y ya, cambiando de tono
y como los caracoles,
aprovechamos los soles
transitorios del domingo:
el contacto de la llave,
en el motor da un respingo. 
 

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