viernes, 15 de septiembre de 2017

Convendría renovar la moqueta de los vestíbulos

Dependiendo del caso, y si tenemos en cuenta esa carita de aventurero, hombre de acción semicanalla y galán relativo, o sea, de chulito versátil, a Tom Cruise le van dando papeles en el cine para su mayor y más fantasioso lucimiento, aunque por lo general echamos en falta un cierto grado de convicción, de ese fondo que nunca está ausente de, por ejemplo, Al Pacino o Robert de Niro, por no hacer larga la lista, y con los que no cabe comparación, claro.
Con lo cual, en "El traficante", repite más o menos lo de siempre, dentro de un argumento que con profusión tira del sustancioso asunto del narcotráfico y la grandísima escala, la dimensión internacional que desarrolló en unos años de prodigio, encumbrando como leyendas del delito a Ochoa, Escobar y Lehder, entre otros destacados capos. Los tiempos gloriosos del cartel de Medellín (la gente decía cartel, como si de una tarde de toros se tratase; me da que la confundida pronunciación yanqui es la que ha dado origen al extendido cártel que los muchos y más súbditos del imperio han terminado por adoptar con las clásicas fruición y sumisión). 
En fin, que Tom mantiene su discutible marca y su cartel; pero con menos honor que el Profidén y el Colgate.

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