sábado, 4 de febrero de 2017

Un largo camino

Ahora los horarios que la rutina había impuesto y que ya parecían casi inalterables, se han quedado "patas arriba". Con decir que almuerza a media tarde y que anoche no conciliaba el sueño (3.30 a.m.), resonando en su mente como cíclicos mantras, los acordes que vuelve a ensayar...
Desdeña la televisión que tantas inertes distracciones le ha proporcionado para llenar meses, años de horas muertas, de dejaciones impresentables. Posterga hoy los estrenos pendientes del cine de costumbre, de las matinales desiertas de espectadores que suele elegir, esquivando en lo posible a la gente, como el solitario que no anda lejos de ser, bata blanca de químico y cocinero excéntrico, criterios independientes y demasías. Pero lo es, de otro modo:
Como una querencia que tuviera algo de droga (tras cuatro años de dique seco) el piano vuelve a tirar de él, aunque la aproximación está siendo costosa, porque las manos no le responden apenas, la digitación carece de entrenamiento y, además, sospecha con aprensión que algo quizá no está como antes del accidente, la habilidad, la concentración y todo eso.
Pero se ha propuesto, venciendo su proverbial falta de tesón, su tendencia a "dejarse ir", que insistirá a todo trance y mejorará en lo posible las limitaciones. Ocho o diez horas diarias para ir revisando temas de diferentes cosechas, datos de los textos, todo el viacrucis conocido, familiar.
Las muñecas, la espalda, el cuello acusan lo desacostumbrado de la posición, la rigidez más que probable de la tensión acumulándose.
Queda un largo camino; mas siente el empujón del repertorio, de vigencia notable, de vivencias que permanecen casi intactas, y la ebullición que produjeron aquellos resúmenes rimados de lances que (imaginados o verdaderos) jalonaron su relativa biografía: los amoríos y las ironías que sintió y expresó, toda la parafernalia del Registro de la Propiedad Intelectual, los recuerdos, los recuerdos...

No conocemos el futuro, y quizá no se nos conceda. Por eso, y porque está tan en el aire, habrá que ceñirse al presente. Que no está tan mal.  

2 comentarios:

  1. Y Pio Nono no puede sino decirte: ¡Forza, Maestro! El esfuerzo seguro que traerá la debida recompensa . Y el genio nunca desaparece por más que las facultades mengüen. Mire Vuesa Merced el claro caso de Beethoven. ¡Un abrazo!

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  2. Me alegro mucho que la musa resurja, que la ilusión regrese. Ánimo. !un fuerte abrazo!

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