miércoles, 4 de enero de 2017

"Passengers",

que es como quien dice, pasajeros, propone una fantasía tecnológica y espacial cuyo delirante principio seguramente habría podido concebir Kafka, aunque sin llegar a la estética que el Tiempo (rápido, rápido, en su avance inflexible, sus cambios y adquisiciones) nos va dejando caer encima, con apabullante prodigalidad.
A estas alturas, las naves de "Encuentros en la tercera fase" se han quedado bajo mínimos, al lado de las que nos muestran aquí, y en otras recientes"pelis", por más que la nostalgia  mantenga a aquéllas en el encanto de su edad de la inocencia.
A tope de diseño, del film presente me encantaron el bar (cómo no) del androide, la piscina de super lujo con Lawrence dentro y, sobre todo, me llegó a emocionar el paseo por el espacio de los dos protagonistas, unidos al magno artilugio por sus correspondientes "cordones umbilicales". Un paseo que implica de manera evidente y maravillosa la realidad de nuestra insignificancia.
Como espectáculo visual, una gozada.

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