miércoles, 28 de octubre de 2015

Parece que fue ayer,

y el tiempo pasa. De aquella anécdota "senyera", cuando, pleno de desparpajo o de frescura, le preguntabas a Susana que qué coño era eso de la UDEF. (Aunque nadie había olvidado aquella escena, tanto fue su lucimiento que nos la han recordado con profusión en estas horas.)
La UDEF. Que viene a ser (¿a que hoy ya no cabe el disimulo?) la que ha ido tirando del hilo, hasta los registros en tus casas y las de otros melífluos implicados, como se está viendo por la tele.
Lo penoso es que, precisamente por el demasiado tiempo transcurrido, quizá no va a ser mucho lo que se os pueda incautar ya; que gente como vosotros es de lo más diligente para destruir o poner a buen recaudo, lógico, toda prueba que la pueda llevar al trullo.
Aunque del descrédito enormísimo no os salvan ya ni San Jordi, ni San Jaume, ni la Moreneta, ni "ná de ná", patriota honorable
Aunque no os importe un comino; y aunque tengamos esas leyes sutiles que incluyen la prescripción y los indultos, las rebajas por colaboración/delación y todas las restantes triquiñuelas y chivatazos de la bajeza judicial y, al cabo, de la justicia injusta.
De agrio sainete, ese gigantesco y turbio mercadillo que queréis bautizar como república, cachondos.   

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