lunes, 21 de septiembre de 2015

Trueba, muy insensible debes ser

para no sentirte, como has dicho, español, que es una condición tan honda e intensa (para lo bueno y para lo malo) que resulta difícil esquivarla, cuando te corresponde de manera inevitable, como no sea desde una postura falsorra y tunante.
Si hemos de creerte que no finges y mientes, que no es un personal, fallido punto de vista, habrá que preguntarse cómo tan gran parte de tus películas centran su meollo en asuntos y temas españoles o conectados a lo español.
Habrá que preguntarse cómo has tenido la frescura de trincar sin escrúpulos (¿te suena esta palabra?) las abundantes subvenciones que con el dinero de los impuestos de tus paisanos, los españoles, el Ministerio de turno te viene concediendo para facilitarte tu trabajo y, como consecuencia de éste, tu nombradía y la satisfacción de tu ego profesional.
"Tener un nombre que sonase a hierro: don César, don Rodrigo, don Fernando..." Ayuno de estas gallardías de caballero españolísimo de pasados siglos (que seguramente te producen urticaria), acaso eres una variedad de Fernando que pensó de utilidad esa proclama renegada por si, dado el entorno geográfico, quedaba algún francotirador en alguna azotea.
Acaso eres un contagiado nostálgico o póstumo de aquellas ilusas bobadas hippies y ecuménicas que alumbraron la etiqueta, ya muy sobada, casi cursi, de "ciudadano del mundo".
O puede que los complejos y el indigesto rencor anacrónico de tu presunta ideología te confunda como la noche a Dinio.
Trueba, se te ve desvaído, como falto de foco, a pesar de tu reciente premio. Tómate algo, hombre, a ver si te entonas.

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