jueves, 24 de septiembre de 2015

El puente de Cádiz

Si Ud. pretende reponerse gradualmente de sus desdoros, con la parsimonia que no descompone el paso, ni el gesto, ni la actitud, puede optar por bajar a Cádiz en donde la "eficacia" sin par de sus ediles o encargados de la cosa de turno está intentando terminar, con sólo 3 años de retraso el puente conmemorativo, largo y elegante del Bicentenario.
Y, sobre todo, cuando lo tenga a la vista, bañado en la luz crepuscular, matizada con la mágia eléctrica de sus señales, y otras alumbradas referencias, ándese con ojo, no sea que muera atropellado por un ciclista urbano y salvaje, que pedalea con arrasadora arrogancia y velocísima temeridad homicida por la franja que con el nombre de "carril bici" le han cedido, arrebatándosela de modo muy imprudente a la acera que con histórica tradición y acreditada costumbre siempre fue refugio y garantía de los transeúntes.
Don José María Pemán, tan de aquí, así nos llamaba, abominando del feo vocablo "peatón", más propio o preferido de la plebe, de más frecuente aunque ordinario uso.
Porque si a Ud. no lo atropellan, siempre pueden matarlo de un infartante susto.
Y es que no hay nada como complacer al "clamor" exigente de las minorías, caiga, nunca mejor dicho, quien caiga.

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