sábado, 8 de agosto de 2015

Aquella "romántica" clasificación



Diábolo, campana, ¡CILINDRO! Sí, sí, aquellas cosas eran las mágicas decisiones de las que presumíamos cuando ZP era nuestro amado líder carismático, cráneo tan privilegiado (Don Latino/Valle Inclán) como para aprenderse toda la economía “en dos tardes” (Jordi Sevilla).
De funcionarios proverbiales, o sea desocupadillos, debió ser aquella brillante idea de trazar tres prototipos de mujer para meter en cintura, que quizá sea frase de modistería, el barullo de las tallas en la ropa de confección.
Como casi todo lo que vamos viendo en nuestros “especialistas” de lo que sea, el invento (que algunos de ustedes quizá recuerden) quedó bastante arbitrario, impreciso y, a más paradoja, rígido, con lo que hubo que dudar tanto de su oportunidad como de su eficacia, que ambas quedaron por demostrar. Así mismo parecían poco sutiles las palabras elegidas para nombrar a esos tres grupos de féminas y, en resumen, todo el asunto incluyó un lamentable aroma de innecesaria improvisación y temeraria frivolidad nada convenientes con la que siempre está cayendo.
Claro que no gustaba mayormente a los “creadores” de moda, embebidos por lo general en sus anuales pasarelas, y tan torpes como vertiginosos en la jerga con que vacuamente describen sus “propuestas, volúmenes, texturas que marcarán tendencias” y toda esa fanfarria.
Al final, no recuerdo si vimos la que debería ser consecuente reacción de las feministas, tan suyas en la exigencia de igualdades y consideraciones, a quienes ¿no molestó ser talladas como sardinas en lonja, preceder con visible favoritismo a los varones en tan vistosa anécdota, dar pie por enésima vez a según qué rechiflas del tan respetable como poco respetuoso rebaño ladinamente embaucado en distracciones por la propaganda de los pastores, etc.?    
Por cierto, nuestros recién estrenados ediles, además de encabronarse con los símbolos, podrían ir decidiendo qué se hace con el velo. El islámico y los que haya. A mí me molan los de mantilla en la Semana Santa.
Pocas alucinaciones más sexys que una mujer con peineta, mantilla, un perfume de magia negra y unas medias también negras, de encaje, por todo atuendo.  

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