lunes, 6 de julio de 2015

El ministro motorista




De acuerdo en que es de las mejores la marca del casco con el que te vemos en los telediarios, con tu mochila a la espalda, una imagen mucho más joven que tu realidad.
Yo, hasta te recomendaría los que diseña Ruby, ahora que vuelvas por Francia para procurar que, por separado, los socios del club se dejen convencer por tus subterfugios.
Dos tercios de los tus paisanos que han participado, te han secundado en el objetivo de esa pregunta más que confusa. Y así, con ese respaldo (que no es el del tercio restante ni el de los que no sabemos, porque no se presentaron a votar nada) dices impávido que tenderás la mano.
La mano de pedir. Otra vez. La mano de barajar dudosamente naipes contradictorios, muy en tahúr, muy en chalán, muy en resabiado y liante mercader de la más profunda tienda del Zoco, del Gran Bazar.
Contra las chorradas de Leire o de José Luis, a la conjunción de las civilizaciones, etc. le queda, hoy por hoy, mucho de hojarasca inútil. Va a ser difícil prolongar el ancho de tu embudo; difícil que el núcleo más europeo de esta Europa, ampliada con precipitación e imprudencia, confíe de nuevo en tu método, tan oriental, de retorcer la Gramática, hablando de una “solidaridad” que ya nos ha costado, dicen, 240.000 millones, nene.
Y ya puestos, yo también quiero un referéndum donde se me pida permiso para tirar el dinero de mis impuestos en irresponsabilidades ajenas, a más de hacerlo con las propias, y con lo cara que sigue estando la gasolina para tu moto y la mía.

Último dato: lo anterior lo escribí en el insomnio de hace pocas horas. Y esta mañana, resulta que con una frase chulesca más, o sea, sin perder el estilo, has dimitido.
Te diré el célebre comentario de mi ex-suegra: que Dios te dé salud como descanso dejas.   

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