lunes, 8 de junio de 2015

Una conducta algo demente



La he observado en otros usuarios; le ocurre a más “personas humanas”.
Casi siempre impulsadas, motivadas, espoleadas, impelidas (qué manía, “oyes”) por la desesperación, la rabia, la impotencia y la impaciencia.
Yo hoy también he llegado a esa meta de impresentable surrealismo: le he hablado, en tono imprecatorio, a este ordenador que tengo bautizado como Plegablito.
Y le he dicho: “¡qué mañosos sois los cacharritos de los cojones!”
Luego me he quedado pensando, evaluando el disparate.
Y es que estamos perdiendo los papeles; ya vamos peor que, por ejemplo, los mayas.

(Además, la mirada del Hipocampo no es de aprobación. Es medio monárquico, puede que incluso carlista, y tirando a selecto. Tolera con muy difícil decepción según que expresiones de la zafiedad, más asimiladas, por lo general, al desgarro plebeyo, a la barricada y la pancarta.)

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