jueves, 25 de junio de 2015

Como un film de episodios enlazados



El sol que tomara cabalgando la “trike”, camino de aquella ciudad sureña de los vientos; la búsqueda, al regreso, esa noche, de algún dato por Google; los vinos dulces que cerraron la jornada, lo llevaron a dormir con facilidad, despreciando la costumbre de fragmentar los programas de la tele con la rauda guillotina del mando a distancia.
Cayó enseguida; y cuando luego miró el despertador, lo contrarió notar que era más temprano todavía de lo habitual.
Había refrescado. Se tapó a medias con la sábana y, contra todo pronóstico, soñó.
Como un film de episodios enlazados:
Ella dijo voy a tomar un baño. Y él, espera, y la atrajo hacia sí, sentándola sobre sus rodillas. La fue reconociendo, tanteando las proporciones del cuerpo cubierto por el vestido de punto gris: los hombros, la espalda, la curva de los pechos, el talle. Qué delgada estás, la cadera. La besaba despacio en la mejilla, el lóbulo de la oreja, el cuello, que el pelo recogido descubría. Se relajaba ella y él, casi se sorprendió al sentir en sí mismo la reacción creciente que ya venía escaseando.
(Fundido en negro.)
La mujer volvía del baño, turbante de toalla en la cabeza, albornoz blanco. Y lo encontró desnudo. Me quedé dormido, mirando este catálogo. Hacía calor. Se sentó junto a él y había, entre los dos, una sosegada paz, una confianza luminosa.
(Episodios 3, 4 y 5.)
3: era una casa de artistas modernistas, con trasiego de gentes variopintas, modelos, pintores, comediantes; cuando la vio entrar, parecía que todo se difuminaba alrededor.
Acércame la cara, le pidió. Déjame verte ese color de ojos. Estaba embelesado con el brillo de caramelo, la curva leve de las pestañas, el dulce trazo de las cejas suaves, con aquel rostro de ángel entre sus manos, y aquel pelo castaño como de “adónde vas, Pilar…”
4: los impresionó la línea extrema, la longitud y la anchura generosa de la parte trasera, les recordaba un poco al Cadillac Sedanette de 1948, o al Buick Streamliner, también de ese año. Y él comentó escucha cómo suena, y era profundo el rumor de los cilindros, puede que 12 o más…
5: … un rumor que ahora se fundía con el sonido de los dos músicos callejeros, vestidos con retales de payasos, de bohemios vagabundos: el joven pulsaba una especie de organillo, con alguna tecla desportillada que parecía ir soltando un relleno espumoso, como de viejo sofá desvencijado. El abuelo, concentrado, sumido en su violín, dificultoso, todo el mapa de la Rioja dibujado en la nariz.

(Sí, volvió a mirar el despertador y en efecto, había vuelto a dormirse. A soñar.)

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