lunes, 18 de mayo de 2015

Tendríais que ser mucho mejores



para que de nuevo volviéramos a apostar nuestra fe, nuestra esperanza. Hasta nuestra caridad, hay que ver.
Pero os falta talla y enseguida se manifiestan los parches, los remiendillos, la escasa o nula categoría.
Refranes hay que resultan malditos; que salen afilados como un buen cuchillo de Albacete: “Detrás vendrá quien bueno te hará”.
Y es que estábamos cansados y quejosos con el viejo Generalísimo y, con vosotros, en pocas décadas, ya estamos agotados y aburridos de cambio, recambio, promesas, falacias y cuentos chinos.
Mucha urna, mucha convocatoria, muchas proclamas y discursos, todos flojos, chorreando latiguillos, arengas rancias, rutinarios lugares comunes, hasta los que fingen vehemencias y rigores, enconos y/o simpatías. Y de todo ese circo de caretas superpuestas, de quítate tú “pa” ponerme yo, nos anega un empacho diario que cansa más por lo inútil: porque estamos viendo (y con lo caro que nos lo cobráis) todo vuestro mal rollo y nadie a solucionar, ni lo dejaríais, los problemas de España (que así es y así se llama, lo digo por los menguados que le van huyendo al nombre). Aunque eso sí, vosotros a lo vuestro, todos, a los negocietes, al figurón, a la casta o impúdica que sea toda vuestra barraca de morrallas, vuestro indigno y pedestre retablo de las maravillas.
¡Anda y que os den, so petardos!  

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