lunes, 11 de mayo de 2015

¿Te habría pintado Sorolla?



Aparcaste en la calle de atrás. Un BMW.
Y sacabas del maletero dos o tres cosas para tu, visiblemente, baño en la playa.
Tu inclinación, tu corta túnica blanca, casi de bacante mitológica, mostraban tus esbeltos, preciosos remos hasta rozar la redondez serena del trasero, de prometedora hermosura.
A mí, que iba de paso y contemplé la escena, me quedaron las ganas de decirte un elogio cortés, comedido, de buen aficionado. (No un piropo, qué va, que ahora incluso les hacen mala prensa con los melindres cursis del sexismo más progre.)
Claro que no me atreví: soy tímido y mayor. En realidad, ni de joven me atreví nunca.
Pero a menudo recuerdo la frase aquella de “la sed de belleza…”, de un personaje en El cuarteto de Alejandría.

¡Si es que no puedes salir de casa…!

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