lunes, 4 de mayo de 2015

La noria del "este país"



Porque los elusivos y los acomplejados, los tunantes y los impropios siguen girando incansables, con las torcidas manías del “este país”, y algunas otras, recupero aquí unas líneas del archivo inédito, de un 2005 que, en algunas cosas, no parece haberse alejado.  

Más España
Eso ha dicho Bono. Y enseguida han saltado a descalificarlo los analistas políticos que sabemos, tachándolo de frentista e inoportuno.
Pues bien, cáfila de hipócritas y tramposos, los frentistas, los inoportunos, es más, los que envenenadamente y primero están (con pretextos demasiado espurios y pringosos y mirando a su exclusivo medro) declarando cosas inoportunas y enconadas, son otros. Y a vosotros os corresponde el nombre de cómplices, cada vez que decís tal, recomendando unos huidizos paños calientes cuya inutilidad está más que vista.
Subleva tener que aceptar que tanta gentuza indigna, tibia cuando le conviene, falsa sin descanso, son mis paisanos. Aburre que tanto hideputa (seguimos con Cervantes) histérico y disimulón pretenda vender embustes so capa de seudoflexibilidades y “talantes” frívolamente seguidores de las modas progres que no implican más que deslealtad y cobardía cuando no estricta ignorancia o, peor, impresentable mala fe.
Cuando tantos miserables, yendo a lo suyo de la más egoísta manera, permanentemente están en el traidor entretenimiento de reventar, a la mínima ocasión, “este país” (que por su esfuerzo merece otro trato) y en la desleal ocupación de fomentar, para sacar tajada, las fáciles diferencias y los enfrentamientos entre los ciudadanos; cuando tanto renegado se dedica a rebajar y trocear España, con el pretexto de no se sabe qué presuntos derechos al separatismo y/o la independencia, hablar de más España sólo es recuperar la cordura y la verdadera proporción de las cosas. Y hay que tener muy mala condición para discutir esas (que no digo todas) palabras de Bono, decentes, limpias de maquillaje políticamente correcto, incluso sobrias.
Poco ha dicho el ministro en comparación con lo que impunemente y a diario gritan, exigen, descaradamente sostienen los adictos al ruido, los nada desinteresados ni solidarios protestantes siempre insatisfechos, los cuales, como una enfermedad incurable e infecciosa echan a perder lo más esencial, lo mejor de nuestras posibilidades de convivencia, lo mejor de nuestro, por cierto no sobrado, altruismo.
A ver si va a resultar que la bula para decir burradas se la adjudican unos cuantos, mientras los demás no podremos llamar al pan, pan y al vino, vino, condenada caterva de malnacidos.

(2015: se conoce que estaba yo, naturalmente, menos cansado que ahora. Aunque me parezca que el meollo no ha perdido mayor vigencia.)

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